Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Robert estaba perdido. No sabía nada de Adelaine desde la última vez que la había visto en el club, parecía haberse esfumado en el momento en el que él se había marchado de su lado.
¿Por qué rayos la había dejado sola? ¿Cómo podía haber sido tan idiota? Lo único que había deseado en ese momento había sido que se calmara, sin pensar que con todo el daño que le había causado, Ada quizás podría haber llegado a cometer una locura que pudiera ponerla en peligro.
Le había dado unos minutos de soledad antes de enviar a uno de los guardias a cuidar de ella y asegurarse que estuviera bien, pero este había regresado poco después, alegando que Ada no se encontraba en donde le había indicado.
Allí habían comenzado a buscarla sin alertar al resto de la familia. John, que ya había despachado a Harry Levis lejos de allí sin su cámara de fotos pero con sus rodillas casi intactas, puso a la mayoría de sus hombres a buscarla, pero luego de una inspección meticulosa del local tuvieron que aceptar que no estaba allí.
Robert había entrado en pánico, pero de alguna manera, había logrado mantener la calma para no arruinar la fiesta de las chicas.
Charlotte y Max se habían esfumado, lo que lo había llevado a pensar que quizás Ada se había marchado con ellos, pero John comprobó rápidamente que no era así. Los enamorados se habían escabullido sigilosamente mucho antes de que él dejara a Adelaine sola en la cocina.
¿Era posible que alguien se la hubiese llevado en contra de su voluntad? ¿O es que ella había se había ido sola?
Al principio había considerado esa posibilidad, incluso cuando habían encontrado su bolso y su celular junto con el de las demás. Pero luego, una vez que Rob regresó al palacio y esperó varias horas a que apareciera sin tener ningún resultado, habían llegado a la conclusión de que algo malo tendría que haberle sucedido.
Adelaine podría estar molesta con él, incluso odiarlo, pero no se iría del palacio sin sus hermanas. Nunca las dejaría atrás.
Se había quedado en el cuarto de ella toda la noche, despierto y casi temblando por los nervios. John se había acercado varias veces para informarle que no tenía novedades y preguntarle si él, quizás, había tenido la suerte de recibir algún llamado.
Para el amanecer ya casi esperaban que alguien se comunicara pidiendo un rescate. Su principal hipótesis era que Ada había salido sola del club y alguien la había secuestrado cuando ya estaba en la calle. Era una teoría loca, pero hasta ahora, era la que parecía más creíble.
Para luego del mediodía todos en la casa ya estaban enterados de la desaparición de Adelaine y también de que habían discutido por el malentendido que había creado Harry Levis.
Nadie había dudado de Ada cuando les había contado la historia completa. Nolan se había puesto de pie de un salto, indignado con todas las acusaciones, alegando —incluso antes de que Robert pudiera terminar con su relato—, que ella jamás los vendería de esa forma. Luego le había dicho que tendría que darle un puñetazo por ser tan imbécil y solo se contenía por respeto a su madre que se encontraba presente. A Rob le habría gustado que no se contuviera, lo merecía ahora más que nunca.