66

17.2K 2K 317
                                        

Ya por la tarde, luego de un rotundo cambio de look, y bastante cansada por todas las emociones que la habían atravesado desde recién comenzada la mañana, Ada estaba lista para bajar al gran salón en el que se desarrollaría la recepción

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Ya por la tarde, luego de un rotundo cambio de look, y bastante cansada por todas las emociones que la habían atravesado desde recién comenzada la mañana, Ada estaba lista para bajar al gran salón en el que se desarrollaría la recepción.

Las estilistas acababan de marcharse y lo único que restaba era que ella se decidiera a dar el primer paso y salir de su habitación.

Caminó hasta la puerta y antes de abrirla, incluso con la mano en el picaporte, se detuvo y cerró los ojos para inhalar profundamente e intentar tranquilizarse.

Cuando finalmente creyó conseguirlo, salió del cuarto y casi chocó contra un cuerpo cuyo perfume reconoció de inmediato.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Preguntó alzando la voz y dando un paso atrás de inmediato mientras intentaba mantener el equilibrio con sus zapatos altos, los cuales por fortuna, tenían un tacón de base ancha que quedaría oculto debajo del vestido largo.

Robert sonrió sin ser capaz de dejar de contemplarla. —Estaba esperándote, creí quizás no te sentirías cómoda entrando sola al salón... ¿Dejas que te acompañe?

Adelaine quiso darle la respuesta que él merecía, pero estaba tan nerviosa y cansada que prefería guardar sus energías para sobrevivir a lo que quedaba de día.

—Claro —terminó aceptando en un suspiro.

Él se mostró feliz con su respuesta y colocó una mano en su espalda cuando empezaron a caminar por lo que Adelaine se detuvo enseguida.

—No es necesario que me toques —espetó apretando los dientes—. Nadie nos está viendo.

—Lo siento, ha sido un reflejo —contestó él, sumiso—. Estás bellísima, Ada. Si no te lo he dicho antes es porque me he quedado sin palabras.

La rubia parpadeó. —Gracias —susurró y se miraron por lo que pareció casi un minuto completo hasta que Ada se obligó a reaccionar volviendo a emprender su camino por el pasillo.

Sin saber qué hacer con sus manos ansiosas, las colocó sobre su estómago y palpó la suave tela del vestido.

Estaba enamorada del diseño que Lili había hecho para que usara en la recepción. Era largo y de corte sirena, con mangas hasta el codo y un cuello redondo. Tenía una fina faja a la altura de la cintura que generaba un falso corte en el vestido, con un delicado y pequeño moño en el frente.

Esa de color rosa pálido, bordado con encaje de lentejuelas en forma de flores y en la espalda tenía una abertura que dejaba a la vista una porción de su piel.

Tomaron el ascensor para bajar al piso inferior rodeados de un silencio que a Ada le resultó incomodísimo, pero a pesar de eso, siguió prefiriendo no hablar.

Robert, al parecer, pensaba diferente. —Me gustaría mucho que después de que pase la boda tú y yo pudiéramos sentarnos y hablar con calma. Con el corazón y la mente bien abiertos —propuso girándose hacia ella y cerrando casi por completo la corta distancia que existía entre los dos.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora