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Al día siguiente, luego de desayunar en compañía solo de la reina y Lucy, Adelaine se quedó en su cuarto con las niñas

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Al día siguiente, luego de desayunar en compañía solo de la reina y Lucy, Adelaine se quedó en su cuarto con las niñas. Le gustaban esos momentos que podía pasar con ellas a solas, unos días antes se había encontrado sobrepasada por la situación y verse sola con sus dos hermanas menores la había desesperado.

Pero ahora, se repitió como muchas veces en la última semana, no estaba sola. Tenía el apoyo de una familia maravillosa —en su mayoría—, tenían la seguridad de un techo sobre sus cabezas y comida todos los días. Como si fuera poco, volvería a la universidad y sus hermanas irían a los mejores colegios del país. Su futuro estaba lleno de posibilidades, jamás tendrían que trabajar siendo apenas unas niñas como le había ocurrido a ella, o soportar los malos tratos de quienes les pagaban un sueldo miserable.

Miró a Mina y la acunó más cerca de su pecho. Esperaba que su madre pudiera encontrar la paz viendo que estaban a salvo, que no pasarían frío ni hambre nunca más.

Lucy apenas le prestaba atención, encontraba fascinante el nuevo vestidor de Ada y jugaba a ser una princesa probándose todo lo que Charlotte le había regalado.

Con la bebé en brazos, se sentó en el sofá y encendió el televisor gigantesco que poseía, fascinándose al encontrar una cantidad excesiva de canales.

Después de pasar por casi todos, escogió uno en el que estaba comenzando una película de los noventa que nunca antes había visto completa: Pretty Woman.

Llevaba solo unos minutos de la película, —más exactamente donde Vivian, el personaje de Julia Roberts se subía al coche de Edward, protagonizado por Richard Gere para ayudarlo a llegar a Beverly Hills—, cuando alguien golpeó la puerta.

Se levantó despacio y abrió la puerta con Mina en brazos.

En el pasillo, esperando, se encontraba Geraldine. Ada disimuló su asombro al verla allí y le devolvió la sonrisa que la rubia le estaba dando.

—Hola, Adelaine —saludó—. ¿Estás ocupada?

Ada seguía sin confiarse ni un ápice de ella, pero de todas formas contestó con amabilidad. —No, solo... miraba una película con Mina —musitó besando la frente de la bebé.

—¿Puedo acompañarlas? —Preguntó Geraldine y Ada, con reticencia asintió y abrió más la puerta, invitándola a entrar.

¿Qué más podía hacer? No podía negarse y estaba segura de que Geraldine lo sabía. Esa tenía que ser una forma retorcida de abuso de poder.

—¿Estás mirando Pretty Woman? Es una de las favoritas de mamá —comentó conduciéndose a sí misma al sofá y sentándose antes de que Ada pudiera reaccionar.

Sabiendo que su mañana tranquila había acabado, la joven caminó hasta allí, resignada y se ubicó junto a la princesa.

—No lo sabía —respondió—. ¿Es buena? Nunca la he visto completa.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora