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Luego de ser echado de la habitación de Adelaine, Robert caminó a su habitación casi de manera automática y se sentó en la cama mirando al vacío

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Luego de ser echado de la habitación de Adelaine, Robert caminó a su habitación casi de manera automática y se sentó en la cama mirando al vacío. ¿Cómo era que todo siempre le salía mal con ella?

Cada vez que estaba cerca de Ada su cabeza terminaba hecha un desastre. Cuando creía tener el control, ella siempre lo volteaba todo y él se encontraba sin saber ni siquiera dónde estaba parado.

Se cambió y se acostó, pero no logró pegar un ojo en toda la noche. Dio vueltas en la cama sin lograr concebir una sola idea coherente acerca de cómo continuar su relación con ella. Obviamente no podía confiarse y acercarse de vez en cuando porque Adelaine se le escurría entre los dedos al más mínimo descuido.

Debería dejarla ir, se dijo. Si se interesaba en Walden, se alejaría de su familia y ese era el objetivo, ¿no? Pero no podía dejar de sentirse furioso porque esa idea lo volvía loco, deseaba a Walden tan lejos de ella como fuese posible. ¿Por qué Charlotte los había presentado? ¿Qué buscaba con eso? Su hermana no hacía nada sin un motivo, cada paso que daba estaba fríamente calculado y eso lo desesperaba. ¿Qué pretendía ahora?

Pasó horas pensando en ello y dándole vueltas al asunto sin llegar a nada concreto, y con la primera luz de la mañana terminó por levantarse. Se colocó su ropa de deporte y corrió hasta su cita fija de todos los días.

En el cementerio, dejó la única flor que había cortado del jardín de su madre junto con las que todavía estaban bonitas y se deshizo de aquellas flores que estaban secas. Era su trabajo de todos los amaneceres y hacerlo le daba cierta paz aunque esta solo le durase instantes.

—¿Robert? —Oyó decir a alguien detrás de él y giró la cabeza, mirando hacia arriba a la vez que se colocaba una mano en la frente para que los rayos del sol no lo cegaran.

—Ría —saludó y se puso de pie esbozando una sonrisa.

La había visto el día anterior en el brunch de Charlotte, pero apenas habían hablado. Él no había estado de humor como para mantener una conversación con nadie.

—Hola, cariño. Tenía el presentimiento de que nos encontraríamos aquí —musitó ella dándole un beso en la mejilla como lo hacía su propia madre y le dio un pequeño toque en la mejilla como si fuera un niño de seis años.

Ría también traía solo una flor en la mano y la dejó junto a la de él con un suspiro. —Hoy me levanté pensando en ella. Debe ser que ayer estuvimos hablando con Brianna sobre la boda que se viene —compuso con una media sonrisa y volvió a mirarlo—. Hay momentos en los que la extraño más que nunca.

El príncipe no supo qué decir. Lo único en lo que podía pensar era un "lo siento", pero Ría le había prohibido hacía años que dijera eso mismo delante de ella en cuanto a la muerte de Nina respectaba. Ella no lo culpaba por lo ocurrido y no deseaba que él se atormentara a sí mismo con eso. Desafortunadamente, Robert no podía ser tan benevolente consigo mismo.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora