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Durante su paso por Ámsterdam, el rey y la reina habían sido invitados a una fiesta benéfica en la que según Robert, se utilizaría a sus padres para aumentar la asistencia de grandes y poderosas figuras para poder así incrementar la recaudación de...

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Durante su paso por Ámsterdam, el rey y la reina habían sido invitados a una fiesta benéfica en la que según Robert, se utilizaría a sus padres para aumentar la asistencia de grandes y poderosas figuras para poder así incrementar la recaudación de la noche.

Era su décimo día lejos de su propia casa y lejos de Adelaine, y él no podía sentirse peor. Si bien los compromisos que tomaba junto a sus padres suponían una distracción, cuando se quedaba solo o en silencio, era inevitable ese sentimiento de tristeza profunda que lo atacaba.

Todo empeoraba cuando pensaba en que sus padres se marcharían en unos pocos días y lo dejarían solo. La sola idea lo desesperaba y no entendía por qué ya que la soledad nunca le había preocupado antes.

Su terapeuta, con quien tenía sesiones por videollamada dos veces a la semana, consideraba que tenía mucho que ver con que por fin él estaba haciendo el intento de recuperarse y el apoyo de sus seres queridos era fundamental. Aislarse a kilómetros de distancia no era beneficioso para él ni para su tratamiento, cosa que según el profesional, él sabía de manera inconsciente a pesar de negarse en rotundo a regresar a su casa junto al rey y la reina.

No podía romper otra promesa más que le hubiese hecho a Ada o nunca terminaría con ese círculo vicioso de fallas y decepciones que él mismo había iniciado. Encontraría la forma de seguir adelante bajo sus propios términos aunque eso le llevara el doble de tiempo.

Terminó la conversación que estaba teniendo con dos mujeres miembros de la organización de la gala y se despidió con amabilidad cuando una de estas se le insinuó por tercera vez en los pocos minutos que llevaba allí e incluso lo tocó en el brazo en esta última ocasión. Él había sido entrenado para luchar con diplomacia en ese tipo de situaciones, ser educado aunque la persona con la que se encontraba no lo fuese, sonreír cuando quería llorar o estaba furioso y rechazar con elegancia proposiciones no deseadas.

Suspirando de manera disimulada caminó sin rumbo y tratando con toda la sutileza posible, de no mirar a nadie para evitar que lo detuvieran por un rato. Necesitaba acercarse a una ventana y respirar aire puro para renovar su ánimo antes de enfrentarse a alguien más.

Pero a mitad de camino vio una figura que lo hizo frenar en seco y arrugar la frente. ¿Qué hacía ella allí?

Estuvo a punto de dar media vuelta para huir y esconderse porque no estaba del mejor humor, pero la intriga pudo más que él. Así que luego de beberse una copa de champagne y cazar otra en el camino, se acercó a la mujer en cuestión.

Esta se hallaba de espaldas a él hablando con otra mujer mayor que Rob no conocía.

—Daphne —dijo deteniéndose detrás de ella.

La pelirroja dejó de hablar y se giró despacio hacia él. —¡Robert! Al fin apareces —comentó acercándose y dándole un beso en la mejilla. Se volvió hacia la persona con la que había estado antes y la despidió con amabilidad antes de mirar a Rob una vez más—. Querido, ¿cuántos días han pasado desde que no hablamos? Te llamé un montón de veces y nunca me respondiste.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora