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La mujer siguió mirándola y enseguida Ada vio que movía los labios como si estuviese diciendo algo

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La mujer siguió mirándola y enseguida Ada vio que movía los labios como si estuviese diciendo algo. John se acercó más a la mujer rubia y los dos terminaron mirando en su dirección.

Adelaine tomó una inhalación profunda. Se dijo que debió bajar la cabeza y huir mientras estaba a tiempo, ahora era patente que estaban hablando de ella y esa sola idea le ponía los nervios de punta.

John empezó a caminar hacia ella. Ada se quedó plantada allí porque no huiría como una cobarde, fuese quien fuese esa mujer.

—Buenos días, Ada —dijo él cuando estuvo más cerca—. ¿Qué haces aquí? Debiste huir mientras tenías la oportunidad.

—¿Qué?

John le dio una expresión de disculpas. —La reina quiere que te acerques.

Ada estaba más confundida. —¿La reina?

—La reina viuda. Es la madre de Alioth. Arlet. ¿No te han contado nada sobre ella?

Por inercia, estuvo a punto de mirar a la mujer una vez más, pero se contuvo sabiendo que era muy probable que la atrapara de nuevo. —¿Esa es la abuela de Charlotte? Ah, ya veo. He oído algunas cosas sobre ella.

John sonrió. —Sí, bueno. La historia con la reina Arlet es complicada. Pero vamos, no la hagamos esperar.

Con un movimiento con la cabeza, le indicó que lo siguiera y Ada no tuvo más remedio que caminar detrás de él.

Cuando llegaron hasta donde estaban los demás, Nash se detuvo y habló. —Adelaine West, Majestad —la presentó.

Ada no sabía qué hacer ni qué decir. Todo era demasiado informal con Brianna y Alioth y en todo el tiempo que llevaba en el palacio no había aprendido cómo era correcto actuar con personas importantes como ellos mismos.

Ante la duda, miró a la mujer a los ojos negándose a mostrarse intimidada y creyendo que no podría tratarse de una falta de respeto.

—Adelaine —dijo entonces la mujer sin un atisbo de sonrisa—, la nueva protegida de mis hijos, según tengo entendido. Parece que Brianna al fin se dio el gusto de traerse un niño de la calle al palacio. Le tomó veintisiete años pero lo consiguió.

Ada lo sintió como un golpe directo, pero no tenía defensa porque era la pura verdad. Ni siquiera se molestó en abrir la boca para refutarla porque no había más que decir y la verdad no debería ofender, ¿no?

Aunque no le pareció nada educado por parte de la reina. ¿Cuál era el punto? ¿Hacerla sentir inferior?

—La pobre niña no tiene la culpa de nada, Arlet. Tus palabras solo le harán más daño del que seguramente ha sufrido —musitó el hombre elegante que estaba junto a la reina y colocó una mano en el brazo de esta. A continuación se giró hacia Ada—. Buenos días, señorita West. Soy Jaques Reighoundeth.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora