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Hicieron un par de pasos y enseguida los perdieron de vista

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Hicieron un par de pasos y enseguida los perdieron de vista. Les tomó un buen rato llegar hasta Maximillian porque todos los invitados querían saludar a la novia, incluso los abuelos maternos de Char a quienes Ada nunca había oído ni siquiera mencionar antes, y con mucha razón, eran despectivos y clasistas al extremo, no felicitaron a su nieta, sino que a lo único que atinaron a hacer fue lamentarse por la mala elección que le habían permitido hacer.

—Son horribles, mamá los detesta y ya ves porqué —musitó Char con un suspiro cuando se alejaron de ellos—. Ni siquiera te presenté porque no quería que te hicieran sentir mal.

—Lo imagine, gracias.

Cuando por fin encontraron a Max, este se encontraba acompañado de John, Walden y Nolan, quienes cortaron su conversación al verlas acercarse.

—Ada, estás hermosa —compuso Nolan, embelesado, pasando de su hermana por completo.

—No podría estar de otra forma, Nolan —lo interrumpió Walden—. Es hermosa.

Adelaine sintió que se le calentaban las mejillas, pero no llegó a responder porque el príncipe más joven continuó hablando. —Mi hermano es un idiota —murmuró el pelirrojo—. De verdad debería golpearlo.

Max giró la cabeza hacia él con los ojos entrecerrados. —¿Es que no lo hiciste ya? ¿Lo has olvidado? Te aseguro que el espejo de mi departamento lo recuerda muy bien.

—Bueno, debería hacerlo de nuevo —espetó el más joven.

Ada abrió los ojos como plato. —Nolan... —articuló muy bajito—. ¿Lo golpeaste? No debiste...

—Estoy perdido —declaró Walden al mismo tiempo—. ¿Alguien puede ponerme al tanto? ¿Qué hizo el imbécil ahora?

—Ser un imbécil —farfulló Nol—. Lo siento, Ada. Se lo merecía, no te sientas mal. Robert y yo nos arreglaremos tarde o temprano. Es mi hermano, pero alguien tiene que decirle lo que se merece.

Se encogió de hombros y ella suspiró negando con la cabeza. Cambió el tema en rotundo y felicitó a Max justo a tiempo antes de que llegaran más invitados a saludarlos.

Viendo como todos ellos se entretenían con sus conocidos, como el recién casado tomaba a la novia por la cintura y la pegaba a su cuerpo quizás en una forma de evitar que volviera a alejarse de él, Ada dio un paso al costado, esperando el momento justo para escabullirse. Walden, que también parecía estar buscando lo mismo, se situó junto a ella y le tocó el brazo haciéndole una seña con la cabeza para marcharse de una vez.

Caminaron un par de metros en silencio y se detuvieron junto a una mesa de bebidas y bocadillos.

—Todo mal con mi queridísimo amigo, ¿eh? Se los veía bien en la Catedral hoy... —mencionó Walden.

Ada le devolvió una sonrisa triste. —Es complicado, hablemos de otra cosa, por favor.

—No sé si vamos a poder, mira quien viene allí. ¿No es la condesa escarabajo? —Apuntó con la cabeza hacia su izquierda de manera disimulada y empezó a servirse un bocadillo.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora