Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Robert llegó corriendo a la sala donde Geraldine le había dicho que se encontraba su madre y fue directo hasta ella que se encontraba sentada en un sofá. Ignoró al resto, incluso a su padre que se hallaba sentado junto a Brianna, rodeándola con un brazo y tomándole una mano.
—Mamá —dijo arrodillándose frente a ella y apoyando las manos en su regazo—. ¿Qué sucede?
—Estoy bien, Rob —compuso la reina, pero la voz le temblaba y demostraba estar muy lejos de lo que decían sus palabras—. Seguro... seguro que esto no es nada.
—¿Es verdad lo que dijo Geraldine? ¿No puedes ver?
Brianna vaciló al responder y cuando lo hizo, fue apenas audible. —No...
Alioth intervino. Abrazó a su mujer con más fuerza y la besó en la frente, mientras a su hijo le colocó una mano en el hombro. —Todo va a estar bien, John está llamando a Callum en este momento.
Asintiendo varias veces, Robert inhaló profundamente para tranquilizarse. No quería ser otra causa más del disgusto de su madre.
—¿Dónde está Ada? —Preguntó Bri tocándole la cabeza—. ¿Estabas con ella? Dile que no le cuente nada a Lucy, no quiero que me vea así y se preocupe.
El príncipe balbuceó. —Estábamos... estábamos en el jardín con Mina. Lucy está durmiendo.
Se sentó en el piso y apoyó la cabeza en el regazo de Brianna. La sintió enseguida acariciándole el cabello, consolándolo a él, cuando debería ser al revés. También pensó en Ada, no recordaba lo que le había dicho antes de salir corriendo como un desquiciado ante la llamada de su hermana.
Esperaba no haberla preocupado demasiado, pero lo dudaba. Necesitaba hablarle o al menos enviarle un mensaje de texto, pero le temblaban tanto las manos que no era ni capaz de tomar el celular de su bolsillo.
John entró a la sala y se acercó a ellos sin detenerse en los demás. Rob se fijó recién entonces en quienes se encontraban allí. Geraldine estaba con Max, pero no había ni señales de Charlotte. También estaba Jaques, que mantenía una distancia prudente pero su rostro estaba cargado de preocupación. Le llamó la atención que Arlet tampoco estuviera allí, imponiendo su presencia como de costumbre, por lo que llegó a la conclusión que ella y Char tendrían que haber salido juntas.
Dos de las asistentes de su madre estaban cerca y también el asistente personal de Alioth, todos luciendo tan aterrados como él mismo y alertas a cualquier movimiento de sus superiores.
—Callum dice que vayan inmediatamente al hospital. El médico que vio a Su Majestad la estará esperando. Coincidimos en que será más discreto e incluso más rápido si nos movemos por nuestra cuenta a que si envían una ambulancia —compuso con profesionalismo pero se veía pálido y demasiado serio.
—No me estoy muriendo, no voy a poner un pie en una ambulancia —intervino Brianna.
—Por supuesto que no, cariño —la apoyó Alioth—. Todo está bien, esto se solucionará enseguida. Callum te dijo eso, ¿verdad, John?