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Cuando los demás llegaron, Rob y Ada tuvieron que salir de la habitación porque Callum vino a ordenarlos a todos y dio órdenes sin escuchar protestas

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Cuando los demás llegaron, Rob y Ada tuvieron que salir de la habitación porque Callum vino a ordenarlos a todos y dio órdenes sin escuchar protestas. Solo entrarían de a dos personas y se quedarían allí por tiempo limitado de modo que todos pudieran saludar a Bri antes de que se la llevasen.

El tiempo pasó muy rápido, pero en el pasillo el aire estaba lleno de tensión.

Charles, el novio de Geraldine, se fue por un momento mientras ella estaba dentro con su madre y al regresar, lo hizo cargado de vasos de café y una bolsa con donas. Ada agradeció la comida, la noche anterior casi no había podido cenar por los nervios del día y esa mañana no habían desayunado puesto que ninguno sentía apetito.

Robert tomó un vaso de café pero no probó bocado, al contrario de Nolan que miró a su cuñado como si fuese su salvador cuando le ofreció una dona. Ada quería acercarse a él, pero temía su rechazo. Ya había procurado ignorarla la noche anterior y ahora tampoco le había dirigido ni una sola mirada.

Permanecieron allí solo un rato más hasta que los médicos llegaron para llevarse a Brianna al quirófano y les indicaron que podían esperar en una sala que les habían acondicionado especialmente para ellos y su comodidad.

Adelaine se preguntó por qué no podían tratarlos como al resto de las personas que se atendían allí. ¿Por qué no podían esperar en el pasillo como cualquier otro? No era que no agradeciera la comodidad, ni se sintiera tranquila porque Brianna tuviera la suerte de poder recibir mejores cuidados que su madre, pero simplemente no le parecía justo que algunos tuvieran tanto y otros tan poco.

La sala era espaciosa, tenía calefacción propia, dos máquinas de café y una mesa con bocadillos para el desayuno. Era, probablemente, la sala que usaban los médicos o directivos para reunirse o pasar el tiempo. Tenía sillas, un sofá grande y dos más pequeños e incluso un televisor de última generación en la pared.

Alioth no le prestó atención a nada de eso y fue directo al sofá desplomándose en él. Los demás se desparramaron por la sala, excepto Geraldine, Charles y Carol que decidieron que saldrían a caminar un poco para intentar distraerse.

Charlotte y Max se sentaron junto a la ventana, mientras que Nolan hizo lo mismo pero frente a la mesa de comida.

Se lo veía tan triste que le partía el corazón. —Ve con él un rato, Rob —le dijo al príncipe apuntando con la cabeza hacia el pelirrojo.

—¿Qué podría decirle? —Susurró en respuesta—. Ya has visto cómo nos ignora.

—No tienes que decir nada, solo... siéntate a su lado.

Robert la miró con una pequeña sonrisa. —Mi ángel, siempre preocupándote por todos. Bueno, vamos los dos.

Ada presionó los labios juntos. —No, no creo que sea adecuado. Hoy no y mucho menos ahora.

—No quiero dejarte sola.

—Estaré en esta misma habitación. Voy a intentar que tu padre coma algo, quién sabe cuándo fue la última vez que probó bocado —apuntó mirando de soslayo al rey.

Mentiras reales (Descontrol en la realeza 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora