Robert Van Helmont es uno de los solteros más codiciados de Sourmun, pero el joven príncipe y heredero no muestra señales de interés por ninguna joven en particular. Todos saben por qué, desde que perdió a su novia y mejor amiga, Rob no ha vuelto a...
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Ada se despertó sintiendo unas caricias suaves en el centro de su espalda desnuda. No abrió los ojos ni se movió mientras disfrutaba de ese momento a la vez que oía el latido del corazón de Robert.
Había sido una noche maravillosa, casi no habían dormido, pero esa mañana Ada se sentía feliz y descansada como si hubiese hecho plácidamente, aunque no tenía ningún deseo de salir de la cama.
Parpadeó y empezó a ver luz a través de la ventana, por lo que decidió que era hora de volver al mundo real y ser responsables.
—Buenos días —dijo él antes de que Ada diera señales de estar despierta.
La rubia alzó la cabeza para mirarlo. —¿Cómo lo supiste? —Preguntó moviéndose para besarle la barbilla.
—Tus pestañas me hicieron cosquillas cuando abriste los ojos —musitó él despacito y también se inclinó para besarla, esta vez, en los labios—. ¿Cómo has dormido?
—¿Te refieres a la última hora que me has dejado? —Preguntó con una risita—. Muy bien. ¿Tu?
—No me he dormido, no quería dejar pasar ni un segundo de esto. Me siento... ¿suena mal si digo pleno? No, la palabra adecuada es completo —compuso sonriendo y la atrajo más contra su cuerpo—. Feliz, en paz y completo, eres mi luz. No creí que podría sentirme así de nuevo, había perdido las esperanzas.
—Me alegra poder ser de ayuda —respondió inhalando profundamente, conmovida por sus palabras.
—No has sido de ayuda, Ada. Lo has sido todo —musitó con seriedad—. Pero no quiero que cargues con esa responsabilidad sobre tus hombros. Vuelve a dormir, yo debería marcharme a mi cuarto antes de que se haga más tarde y me vean escabulléndome de tu habitación.
—Mmm —ronroneó y se desperezó—. Lo sé. Pero por hoy ya no creo que pueda dormir sin ti, me sentiría muy sola.
Rob sonrió. —Lo sé, pienso en mi cama y sé que estará helada, vacía, triste...
Sin nada de entusiasmo, el príncipe se levantó de la cama y se vistió. Ada lo contempló desde un lugar privilegiado debajo de las mantas y apreció la vista. Él la besó antes de marcharse y luego le lanzó otro desde la puerta.
Ada se quedó allí, holgazaneando en el centro de la cama y rememorando cada detalle de la noche que había pasado. Cada beso, cada caricia y cada descarga de placer que había experimentado.
Luego de una hora comenzó a desenvolver los regalos que había recibido. Miró las flores de Bradley con una mueca, aunque le había causado diversión su comentario tan acertado sobre su propio comportamiento.
Abrió la caja de bombones de Walden y siendo golosa, no pudo evitar probar uno. Pensó en Lucy y decidió que los compartiría con ella. Antes de llegar al palacio, una caja de bombones, por más pequeña que fuese, había sido un lujo que no podían permitirse y se sentiría muy culpable si los devorara sin compartirlos con ella.