Always in you...

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~

*Seis años después*

Matt:

-¿Matt...?
-¿Decías?
-Que ya vamos a llegar. Viejo, despierta, manejas un avión, no una bicicleta.- reí por lo bajo.
-Lo siento, sólo estaba... un poco ido.
-Sí, no es la primera vez. Necesitas tratar eso, o podríamos tener problemas.
-Estoy bien...
-Siempre dices eso, amigo, pero a mí me preocupas. Tal vez necesitas ir conmigo, ya sabes a tomar una copa... admirar a lindas mujeres con poca ropa, ya sabes, lo que a cualquiera le alegra.- Mohammed era un gran amigo, y un gran copiloto. Aunque muy molesto la gran mayoría de tiempo.
-No, sabes que eso no es lo mío.- dije entre risas.
-Nada es lo tuyo. Vamos, viejo, no seas tan amargado.
-Calla, que ya vamos a aterrizar...- él rodó los ojos, y yo activé mi micrófono. -Les habla el capitán Sanders, estamos a un par de minutos del aterrizaje. Por favor, siga las instrucciones de nuestras sobrecargos, y que tenga una excelente noche.

Era una noche agradable en Nueva York. En realidad, en esa ciudad, todas las noches lucían preciosas. Cada día deseaba tener el ánimo y las fuerzas de disfrutarlas como se debía. Pero, cada día era igual. Sin importar qué hiciera, seguía sintiéndome como un muerto viviente. Tratando de pretender que mi vida era perfecta. Tal vez porque aparentemente lo era. Había conseguido el trabajo de mis sueños, había comprado un precioso piso con todas las comodidades, un auto último modelo. El dinero llegaba a mí tan sencillo como respirar. Sin embargo, sabía que mi única razón para decir con certeza que mi vida era perfecta, se había ido. Se había ido y yo no podía hacer nada para revertirlo. Con frecuencia mi mente se alejaba de la realidad, preguntándose cómo había podido seguir viviendo después de todo lo sucedido. Mis sentimientos se encontraban estancados. Mis lágrimas ya no emergían, mi corazón no se aceleraba más. El dolor permanecía, pero pareciera como si se hubiera hecho parte de mí. Era como aprender a vivir con millones de espinas encajadas en tu cuerpo.

-Matt, las chicas y yo iremos por una cerveza. ¿Quieres venir?- preguntó Mohammed, en cuanto salimos del avión.
-Ahm... no, gracias, amigo. Estoy cansado, iré a casa a dormir.
-La noche es muy joven como para que ya te vayas a dormir, Matt...- dijo Leah, acercándose y sonriendo provocativa. Una sobrecargo, joven y atractiva, con la que había estado íntimamente una sola vez. Vez que había sido suficiente para darme cuenta de que no volvería a hacerlo jamás. Aunque al parecer para ella era por completo, lo opuesto.
-Sí, es verdad, pero no he dormido bien estos últimos días, y me siento algo muerto.- reí. Engañar a la gente ya se había convertido en el pan de cada día. Ni esa era la razón, y más aparte, la mayoría de noches dormía pésimo.
-Está bien, amigo, como quieras. Nos vemos luego.- se despidió Mohammed y las demás chicas.
-Matt...- Leah me sostuvo del brazo antes de que diera media vuelta para marcharme. -¿Por qué te alejas? Pareciera que me estás evitando. ¿Acaso no te gustó estar conmigo?- posó sus brazos alrededor de mi cuello.
-Me gustó, Leah... tú eres una chica muy hermosa.- dije serio.
-¿Entonces por qué ya no quieres salir conmigo?
-No es nada que tenga que ver contigo. Sólo olvídate de lo que hubo entre nosotros, ¿sí?
-Pero...
-Leah, yo no soy la persona ideal para ti. Ni para una noche, ni para más... Mereces algo mejor.- di un beso en su mejilla y me alejé.

Recogí mi automóvil, y fui directo a mi departamento. El cuál se ubicaba en uno de los pisos más altos del Madison Square. Era un lugar muy espacioso, y con una vista sensacional de la ciudad.

Al llegar, preparé la bañera con agua caliente y permanecí ahí un buen rato. Solo, en silencio, como la gran mayoría del tiempo me gustaba estar. Deseando que mis recuerdos estuvieran en mi presente. Mismos recuerdos que fueron interrumpidos por una llamada de Zacky entrando a mi celular.

-Hola, hermano...-
-¡Matt, hermano!, ¡qué gusto me da escucharte!-
-Sí, tenía tiempo que no hablábamos.-
-Lo lamento, he estado ocupado. Ya sabes, el trabajo, y ahora los preparativos de la boda...-
-Sí, te entiendo, descuida. Yo también estoy trabajando la mayoría del tiempo.-
-¿Qué tal la vida de un piloto?-
-Supongo que bien, hermano.-
-Me alegra. ¿Tú cómo estás?-

I'm Your CrimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora