Desperté al sentir un rayo de sol tocar mi rostro. Puse mi mano izquierda cubriendo mi cara y me senté sobre la cama. Miré la hora en mi celular y me sorprendí por lo mucho que había dormido. Eran casi las tres de la tarde. Me levanté, salí de la habitación y encontré a mi abuela en la cocina.
-¡Oh, hola, cariño!- dijo alegre.
-Hola, Miros...- me acerqué a ella y dejé un beso sobre su mejilla.
-¿Qué tal dormiste?- preguntó.
-Excelente.- respondí sentándome frente a la mesa. -Aunque dormí muchísimo.- reí.
-Lo sé, pero no quise despertarte. Necesitabas reparar tu sueño.- dijo sin apartar su vista de la estufa. -Debes estar hambriento.- añadió.
-Sí, mucho.- sonreí.
-Pues qué bueno, porque preparé tu lasagna favorita.- puso en la mesa el refractario con la lasagna y comenzó a cortarla.
-Ya decía yo que ese olor era familiar.- dije mirando con deseo la comida.
-Bueno, debo consentir a mi invitado favorito.- sirvió un pedazo en un plato y me lo dio.
-Gracias, Miros.- empecé a devorarla. -Quisiera pedirte disculpas por lo grosero que he sido contigo...- ella me miró con orgullo, a pesar de que no había motivos para eso. -Tú siempre has estado para mí y no he sabido agradecértelo.- dije apenado.
-Cariño... claro que te perdono. Ya me había acostumbrado a tu carácter aunque no lo creas.- se encogió de hombros.
-Pero no estaba bien. Creía que por darte dinero ya era suficiente y no lo es.- negué con la cabeza.
-Siempre supe que sería difícil criarte.- rió.
-Sí, te saqué muchas canas.- Miros dio un trapazo en mi espalda. Solté una carcajada en respuesta.
Desnudo, adentro de la ducha de mi departamento, con los brazos apoyados sobre la pared y la mirada perdida en el suelo; me preguntaba cómo le diría las cosas a Courtney. Cada segundo que pasaba sentía que la perdía más. Maldita sea, Matthew, dilo y ya. ¿Qué tan malo puede ser? No puede ser más malo que perderla por mi cobardía. Sabía que ella también me amaba a mí, pero... ¿cómo iba a poder ser una buena persona para ella después de toda la mierda que he causado?, ¿acaso iba a aceptar estar conmigo? Las últimas veces que la vi parecía que me odiaba. Ahora comprendía que todo lo malo que me pasó, me pasa y me va a pasar, me lo merecía completamente.
Decidí que lo diría sin importar que me rechazara. Tenía que sacar esto de mi pecho o terminaría por morir con ello. Salí del baño, enredé una toalla en mi cadera y me senté en la cama meditando una vez más lo que diría. Tomé mi celular, busqué su contacto y marqué. Unos tres o cuatro tonos sonaron y yo colgué, sabiendo que tenía que decirlo de frente. Rápidamente busqué algo de ropa y salí con paso apresurado camino a su casa.
Courtney:
Había pasado al supermercado a comprar un poco de leche para la cena y también como excusa, sólo para ver si me encontraba con Matt. Pero nada, parecía que se había esfumado de la faz de la tierra.
Por caminar con la vista puesta en el suelo y con la mente en otro lugar lejano; estampé contra alguien.
-¡Oh, lo siento mucho!- dije apenada. Cuando subí mi vista inmediatamente reconocí ese rostro.
-Descuida, preciosa.- sonrió coqueto.
-¿Montgomery?- retrocedí un par de pasos. -¿Qué haces aquí?- pregunté.
-Oh, en realidad vine a ver a Shadows, pero no lo encontré.- respondió. -La última vez que te vi saliste corriendo y ni siquiera me dijiste si él seguía trabajando aquí o no. ¿Qué te sucedió?- dijo sin dejar de sonreír de manera seductora.
-Drogas, supongo.- me encogí de hombros.
-Haha sí eso pensé.- rió. -¿Vives por aquí?- preguntó viendo la bolsa de compras que llevaba.
-Ahm... algo así...- respondí seria.
-Interesante...- sonrió de lado.
-Debo regresar a mi casa.- dije tratando de seguir mi camino, pero él se interpuso.
-No hay ninguna prisa, hermosa...- se puso frente a frente conmigo y comenzó a jugar con mi cabello. -Qué hermoso cabello tienes...- olfateó poniéndome más incómoda.
-¿Qué haces?- reí nerviosa.
-¿Por qué no me invitas a tu casa? Tengo hierba, podemos fumar juntos. De seguro ya se te acabó la que me compraste.- tragué saliva.
-Sí, sí, ya se me acabó, pero no tengo más dinero, así que...- interrumpió.
-Te la daré gratis a cambio de un momento juntos, ¿qué dices?- acarició mi rostro.
-No, gracias, mi padre llegara a casa en cualquier momento.- maldita sea, debí decir que ya estaba ahí esperándome.
-Yo no acepto un no por respuesta, linda.- me tomó de la cintura e intentó acercar sus labios a los míos.
-¿Qué pasa contigo?... ¡Suéltame!- lo empujé para atrás.
-¡A mí nadie me rechaza!- me tomó por la fuerza, intentando llevarme adentro de un auto.
-¡Ya suéltame!- solté mis compras y comencé a gritar y a patalear. Di un fuerte golpe con el puño cerrado en su abdomen y salí corriendo. -¡Ayuda!- grité mientras corría. Pero Montgomery volvió a tomarme mientras cubría mis labios con su mano derecha. Había olvidado mi atomizador en casa y para mi mala suerte la calle en la que me lo había encontrado estaba completamente vacía.
-¡Cierra la puta boca!- dijo entre dientes mientras abría la puerta de su auto.
-¡Oye!- al instante reconocí esa voz, que en esos momentos era como si un ángel hubiera bajado a sacarme del infierno. La mano de Montgomery liberó mi boca y el resto de mi cuerpo haciendo que cayera al suelo confundida. Matt lo tomó por la ropa alejándolo de mí. -¿¡Qué cojones estás haciendo!?- preguntó enfurecido.
-¡No te metas, Shadows!... ¡si tú no te la quieres coger, sólo porque es menor de edad, entonces yo lo haré!- Matt soltó un puñetazo en su cara haciendo que cayera al suelo. En donde lo pateó un par de veces en el estómago. Lo levantó del suelo con la cara llena de sangre, que salía de su nariz y lo estampó contra su automóvil. El parabrisas del viejo Chevy se estrelló y Matt lo tomó con rabia de la camiseta.
-Vuelves a tocarla y juro que te mato, imbécil.- amenazó. Lo metió adentro de su auto por la fuerza y azotó la puerta, mientras yo sólo miraba asustada, aún sobre el pavimento. -¡Lárgate!- le ordenó. Montgomery, muerto del miedo, puso en marcha su auto y se alejó. Matt me miró y suspiró aliviado al ver que había llegado justamente a tiempo. Caminó hacia mí y extendió su mano para ayudarme. Miré la misma unos segundos, aún inmersa en estado de shock y la tomé para levantarme.
-¿Estás bien?- preguntó mientras acunaba mi rostro entre sus grandes manos. Me perdí en sus ojos como si de un infinito desierto se tratara. Desierto en el que estaba dispuesta a perderme una y otra vez, sin importar lo que eso me costara.
-Sí... gracias.- respondí después de varios segundos. Parpadeé algunas veces saliendo del transe y desviando mi mirada a cualquier otro lado que no fueran sus preciosos y hechizantes ojos verdes. -Lo siento...- dije apenada y me dispuse a regresar a mi casa.
-Courtney, te amo.- soltó de la nada mientras sostenía mis manos. Mis ojos se abrieron como platos. ¿Había oído bien?, ¿o mi estado mental ya había llegado a tal grado en el que alucinaba?
-¿Qué?- pregunté. Tenía que oírlo de nuevo para asegurarme de que había sido real.
-Te amo.- mi corazón hizo una fiesta interna, que gracias al cielo; mi rostro no reflejaba. -Y no tienes idea de cuánto te he extrañado...- sus ojos se humedecieron. -Debí decirlo en cuanto me pediste que lo hiciera, sé que debí decirlo.- dijo avergonzado. -Pero estaba tan aterrado. Yo... yo me había resignado a no sentir. Pero te adueñaste tan rápido de mi corazón y tenía tanto miedo de decirte esto, ni siquiera tenía idea de cómo hacerlo. Y luego yo supe que no podía guardar todo esto adentro de mí... sólo no podía...- puse mi dedo índice sobre su boca, haciendo que guardara silencio y me permitiera saborear sus masculinos labios. Me puse sobre las puntas de mis pies, tomé su rostro con ambas manos y junté mis labios con los suyos. En ese momento, fue como si todas las cosas malas que Matt hizo, hubieran desaparecido. Como si jamás hubieran sucedido, como si nunca hubieran dolido.
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I'm Your Crime
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué tan peligroso puede ser el amor?, ¿te has puesto a pensar en qué personalidad hay detrás de cada individuo que conoces?, ¿haz acaso imaginado en algún momento que eres cercana(o) a alguien peligroso?, ¿Y alguna vez...
