Me tomó entre sus brazos y me acomodó con delicadeza sobre la alfombra. Mis piernas se aferraron a su cadera haciendo que su entrepierna no se separara de la mía. Tomó un cojín y lo acomodó detrás de mi cabeza. Su gesto tan tierno y caballeroso me había hecho sonreír. Retiró mi sostén por completo y lo arrojó a un lado. Miró con minuciosidad mis pechos provocando que mis mejillas ardieran. Colocó ambas manos en mi rostro y bajó suavemente acariciando mi pecho, mis senos y mi abdomen. Cuando llegó a mis shorts; bajó mi bragueta y los sacó lentamente al tiempo que dejaba cortos besos sobre mis piernas.
-Estás tan hermosa, joder.- susurró admirando mi cuerpo casi desnudo a su merced. Se inclinó colocando su cuerpo encima del mío y dio placer a mis pechos con su boca. Mordí mi labio inferior y solté un gemido audible. -¿Estás nerviosa?- preguntó incorporándose sin dejar de follarme con la mirada. Mi pecho subía y bajaba una y otra vez debido a mi pesada pero acelerada respiración, mis manos sudaban y mi corazón palpitaba como desquiciado. ¿De verdad había preguntado eso?, ¿acaso no era obvio?
-Sí...- subí mis brazos cruzándolos encima de mi busto, ya que comenzaba a sentir un poco de vergüenza al estar tanto tiempo descubierta delante de él.
-¿Y de verdad quieres hacer esto?- su tono era serio, pero en su voz se seguía escuchando una excitación que lo comía por dentro.
-Sí...- respondí sin dudar.
-Entonces necesito que estés totalmente relajada y mojada. No queremos que te duela, ¿o sí, linda?- tomó mis brazos, los puso relajados a mis costados y sacó rápidamente mis bragas de color negro que hacían juego con mi sostén. Acarició un poco mis piernas con las yemas de sus dedos haciéndome sentir un cosquilleo, para después abrir las mismas hasta donde pudo. A este punto ya no podía estar más sonrojada.
-¿Qué haces?- pregunté levantando mi cabeza.
-Ya te dije. Quiero que estés bien mojada...- respondió y acercó su rostro a mi entrepierna.
-Sí, pero, ¿qué vas a...- ni siquiera logré terminar de formular mi pregunta cuando Matt ya estaba con su boca sobre mi intimidad. -¡Aaahhhh!- solté un grito y eché mi cabeza para atrás, cerrando mis ojos involuntariamente. Los labios de Matt eran de verdad el cielo cuando besaba los míos, pero ahora con ellos besando la parte más sensible de mi cuerpo; era de lo más erótico y excitante que me había pasado. Puse ambas manos en mi boca, evitando así seguir gritando. La mirada maliciosa de Matt mientras hacía lo que hacía me estaba volviendo loca. -¡Dios mío!- sentí su lengua rozar rápidamente, haciéndome sentir un placer indescriptible.
-Sabes muy bien, bonita.- recorrió su labio inferior con su dedo pulgar. -Creo que ya estás lista.- dijo mientras desabrochaba su cinturón y comenzaba a bajar sus jeans. Mis piernas temblaban, los dedos de mis pies estaban agarrotados, los de mis manos estrujaban un par de cojines a mis costados y mis ojos se cerraban tal y como si estuviera muriendo de sueño. Pero sabía exactamente que sólo era producto de tanto orgasmo. Abrí los ojos y vi como Matt colocó sus dedos en sus boxers para bajarlos.
-Matt, espera...- puse la palma de mi mano sobre su fuerte abdomen.
-¿Qué ocurre?- preguntó confundido.
-Espera...- me levanté y bajé como pude a mi habitación. Ni siquiera sé cómo lo logre, mis piernas temblaban como gelatina sin parar. Abrí el cajón de mi buró, tomé un preservativo y regresé con Matt. Él sonrió de lado en cuanto le pasé el pequeño paquetito plateado.
-Tuviste tiempo para preparar esto, ¿cierto?- dijo coqueto mientras yo volvía a acomodarme boca arriba.
-Siendo honesta, sí. Pero ni siquiera me percaté en el momento que te había invitado para esto.- reí.
-Yo sinceramente sí.- retiró sus boxers liberando así su enorme miembro. No supe cómo reaccionar, hasta de ahí era perfecto y me preguntaba, ¿cómo es que no me iba a doler que entrara todo eso en mí? -Descuida, preciosa. No va a dolerte nada.- ¿acaso sabía leer mentes? Desenrolló el preservativo a lo largo de su erección y abrió mis piernas para posicionarse entre ellas. Sonreí pícara y coloqué mis manos sobre su ancha espalda mientras él ponía su miembro a la entrada de mi vulva. Cielos, en verdad había logrado relajarme. Puso sus manos a los lados de mi rostro y comenzó a entrar despacio.
-Aaahhh...- solté el aire y cerré los ojos un momento. Era extraño, sentía como eso tan grande y duro me invadía por dentro, pero como Matt me había prometido; no dolía absolutamente nada, se había deslizado adentro de mí sin ningún problema. Abrí los ojos y miré el excitado rostro de Matt, con sus hermosos ojos cerrados y su boca abierta, como si quisiera soltar un gemido, pero de ella no salía ni un sólo sonido. Una vez que volvió a abrir sus ojos, comenzó a balancearse de adelante a atrás. No podía procesar lo bien que se sentía eso. Cada embestida provocaba que soltara un gemido y Matt no apartaba su mirada de la mía. Bajó sus labios a mi seno izquierdo e hizo una breve succión.
-No tienes idea de lo mucho que deseaba hacer esto desde aquél primer día en que te vi y se te marcaba todo con esa camiseta.- susurró en mi oído para después bajar ahora a mi seno derecho.
-Aaaaahhhh Matt...- lo que había dicho me había calentado y también sonrojado de sobremanera. Su velocidad bajó un par de segundos, para después embestir salvajemente. Mis uñas se aferraron a la piel de su espalda y grité innumerables veces corriéndome.
-Aaahh... ¡aaaghhh!, ¡carajo!- los gemidos de Matt eran como música para mis oídos. Besó mis labios y soltó un último gemido. Supe que había terminado. Salió de mi interior, se quitó el condón, le hizo un nudo y se recostó a mi lado. Su entrecejo estaba fruncido, su expresión era demasiado seria.
-¿Estás bien?- pregunté preocupada tomando su mentón con delicadeza para que me mirara.
-Sí, sí, todo bien, es que... vaya que me corrí.- sonrió y me rodeó con su brazo derecho.
-Sí... yo también. ¿Cómo le hiciste para que no me doliera? Digo... era mi primera vez.- dije tímida.
-No siempre las primeras veces tienen que doler, bonita, eso es un mito. Si la primera vez te duele, es porque lo hiciste con un completo pendejo que no sabe excitar lo suficiente a una mujer.- explicó.
-Entonces escogí a la persona indicada para ello.- entrelacé mis dedos con los suyos.
-Indudablemente...- sonrió de lado y besó mis labios de forma apasionada. Sentí como algo lastimaba mi costilla izquierda, enseguida busqué qué era lo que me provocaba sensación tan incómoda y lo que encontré fue una navaja de considerable tamaño, desenvainada.
-Ahm... creo que esto es tuyo...- dije dándole la navaja a Matt. Su rostro volvió a tornarse serio.
-Oh sí, ehm... debió de haberse salido de mi bolsillo cuando me quité los pantalones.- tomó la navaja y la guardó. -Es para defensa personal, ya sabes.- se encogió de hombros.
-Sí, el mundo es peligroso...- suspiré.
-No tienes idea...- dijo perdido mirando a la nada.
-Te noto algo extraño, ¿seguro que estás bien?- acaricié su mejilla con ternura.
-Sí, linda, sólo que estoy recordando que le prometí a mi abuela ir a visitarla hoy, así que ya debo irme...- dio un corto beso en mis labios y comenzó a vestirse.
-¿Cuándo te veré de nuevo?- pregunté cubriendo mi busto con un cojín.
-Mañana cuando salga de trabajar la vendré a ver, señorita.- guiñó el ojo.
-Hablando de eso... ¿cómo es que estás en los dos turnos?- fruncí el entrecejo.
-¡Hahahaha!- soltó una carcajada. -A veces trabajo horas extras, Courtney, es todo.- se encogió de hombros.
-¿Quieres que te acompañe a la salida?- sonreí como niña emocionada.
-Oh no, bonita, no quiero que nadie más te vea cómo viniste al mundo.- se puso su camiseta. -Conozco el camino, amable señorita.- pasó los dedos por su cabello peinándolo un poco.
-Está bien.- solté una risita. -¿Podrías avisarme cuando llegues a tu casa?- ladeé mi cabeza, haciendo que él me mirara con ternura.
-Sí, por supuesto...- se inclinó hacia mí, puso un mechón de cabello detrás de mi oreja y me dio un último apasionado beso. -Estás preciosísima.- dijo viendo mi cuerpo de arriba a abajo mientras se mordía el labio.
-Hahaha no exageres.- reí nerviosa.
-No lo hago...- acarició mi pierna izquierda suavemente, para después marcharse. Pude ver por la pequeña ventana del ático cómo se alejaba a paso tranquilo.
Solté un exagerado suspiro y miré al techo sonriente pensando en lo muchísimo que me empezaba a gustar Matt. ¿Cómo es que era perfecto por dónde lo viera? Me preguntaba si alguna vez le conocería un defecto.
Inmersa en mis pensamientos, reviviendo cada segundo que acababa de pasar; escuché como alguien aparcó justo afuera de la casa. Fruncí el entrecejo y miré por la ventana. Maldita sea, era mi padre. ¿Qué demonios hacía aquí tan temprano? Rápidamente empecé a vestirme de nuevo, escuchando como abría la puerta de entrada.
-¿Cariño?, ¿dónde estás?- se escuchaba un tanto angustiado. ¿Acaso había visto a Matt salir de la casa?
ESTÁS LEYENDO
I'm Your Crime
Fanfiction¿Alguna vez te has preguntado qué tan peligroso puede ser el amor?, ¿te has puesto a pensar en qué personalidad hay detrás de cada individuo que conoces?, ¿haz acaso imaginado en algún momento que eres cercana(o) a alguien peligroso?, ¿Y alguna vez...
