Cumpleaños

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-¡Matt!- una encantadora sonrisa y un tierno brillo en sus ojos iluminó su rostro.
-Señorita cumpleañera.- dije coqueto. Ella me abrazó mientras soltaba una risita. -Muchas felicidades, bonita...- susurré en su oído.
-Gracias...- sus mejillas se ruborizaron. -Señora Miroslava, es un placer verla de nuevo.- abrazó a mi abuela.
-El placer es mío, Courtney. Muchas felicidades. Te ves hermosa.- dijo Miros admirando de arriba a abajo a Courtney.
-Más que hermosa diría yo.- añadí.
-Les agradezco a ambos. Pero, por favor, pasen.- entramos a la casa de Courtney que ya estaba adornada con algunos globos de colores. Mismos que estaban siendo colocados por un hombre un par de centímetros más bajo de estatura que yo, delgado, con cabello castaño oscuro, piel blanca y cara afeitada. Le calculaba al menos unos cuarenta años. Tenía puesto un pantalón de vestir negro y una filipina del mismo color.
-Ahm... papá...- Courtney llamó al hombre.
-Sí, ya voy...- respondió y bajó de la silla en la que se encontraba trepado. Enseguida clavó su mirada en mí y se tornó serio.
-Papá, quiero presentarte a Matt y a su abuela Miroslava. Matt, señora Miroslava, él es mi padre: Edward Anderson.- nos presentó Courtney con una adorable vocecita.
-¡Oh es un placer conocerlo, señor!- Miros fue la primera en estrechar su mano. -Su hija es tan encantadora. Cuando supe que mi nieto estaba saliendo con esta muñequita quedé fascinada.- el señor Anderson le dedicó una amable sonrisa a mi abuela.
-Se lo agradezco mucho señora, es muy amable.- respondió e inmediatamente después volvió a poner su mirada sobre mí.
-Es un gusto, señor Anderson.- levanté mi mano para estrechar la suya.
-Hola, Matthew... mi hija habla muchas cosas de ti.- estrechó mi mano. -Con decirte que cuando le di permiso de invitarte, de pronto volvió a ser cariñosa conmigo.- dijo manteniendo su seriedad.
-Papá...- Courtney rodó los ojos. Sólo reí discretamente.
-Espero que todas las cosas positivas que mencionó de ti sean ciertas.- tragué saliva.
-Puedo asegurarle que así es, señor. Por supuesto que eso no se ve de un día para otro. Pero...- miré a Courtney y extendí mi mano hacia ella, misma que inmediatamente tomó. Colocó ambas manos en mi hombro derecho y yo mi mano derecha en su cintura. -Si se trata de su hija tengo todo el tiempo del mundo.- dije sonriente sin dejar de ver a Courtney, como si tuviera a la obra de arte más impresionante enfrente de mí. Courtney dejó un beso en mi mejilla.
-¿Cuántos años tienes?- preguntó serio y un poco estresado por la escena que sus ojos marrones presenciaban.
-Padre...- dijo Courtney mirándolo con desaprobación.
-No, no está bien, linda.- reí. -Tengo 23, señor Anderson.- aclaré su duda sin rodeos.
-Hmm... sí eso creí...- sonrió. -Courtney lleva a tus invitados al comedor yo iré por el pastel.- puso punto final a la conversación.

Courtney:

Después de acomodar a Matt y a la señora Miroslava en el comedor, con un par de copas de vino blanco. Regresé a la cocina con mi padre, quién adornaba con rosas de crema batida mi pastel.

-¿Por qué usa un anillo en el labio?- preguntó de la nada. Mi cara ardió de lo apenada que me sentí. La cocina daba al comedor y Matt pudo haber escuchado eso perfectamente.
-¡Shhh!... baja la voz...- susurré. -¿Por qué eres tan criticón padre? A ti nadie te dice nada de tu filipina de siempre.- rodé los ojos.
-Oye, soy chef. La filipina hace al chef. Es como nuestra marca...- se encogió de hombros.
-Bueno, pues a él le gustan los pircings y los tatuajes, eso no tiene nada de malo.- dije en voz baja.
-¿Tiene tatuajes?- quería taparle la boca con cinta.
-Dios... sí, ahora deja de hablar y lleva a ese pastel allá.- dije molesta.
-Qué manera de echarse a perder el cuerpo.- hizo un último comentario. -Ya, ya, está bien, cerraré la boca.- tomó el pastel y lo llevó a la mesa. Rodé los ojos, puse algo de música y regresé a la mesa.

Después de que todos me desearan un feliz cumpleaños con la típica canción de siempre, en la cual no sabes qué cara poner mientras te la cantan, comenzamos a comer mi pastel. Mi padre no le quitaba la mirada de encima a Matt. No quería ni imaginar lo incómodo que se sentía ahora mismo.

-El pastel está delicioso.- dijo la señora Miroslava.
-Gracias, señora, lo preparo cada cumpleaños de Courtney, es su favorito.- mi padre pellizcó mi mejilla con dos dedos.
-Oh sí, que es chef... dígame, ¿en dónde trabaja?- preguntó curiosa la abuela de Matt.
-Andina.- respondió.
-¡Oh qué elegante! Alguna vez fui con mi ya fallecido esposo, aunque era muy caro.- la breve historia de la señora Miros me enterneció.
-Sí, fue un puesto que me ofrecían desde hace tiempo y cuando decidí que mi hija necesitaba un cambio en su vida decidí tomarlo.- explicó.
-Sería genial ir algún día a ese famoso restaurante, linda.- sonrió Matt de lado.
-Es muy caro, no me gustaría que gastaras tanto.- reí nerviosa.
-No me duele gastar si es en usted, señorita.- me guiñó el ojo y mi papá sólo miró la escena seriamente.
-¿Y te va bien en ese supermercado, Matthew?- preguntó mi padre interviniendo.
-Me iba bien, señor Anderson.- respondió. Sentí que comenzaba a sudar frío. -Me despidieron.- admiré el valor que Matt había tenido para afrontar la verdad con mi padre.
-Oh...- mi padre se quedó sin habla por varios segundos. -¿Por qué?- preguntó apenado.
-Mi nieto tuvo que cuidarme por más de una semana. Soy hipertensa, tengo problemas del corazón y a veces me pongo delicada.- respondió su abuela mientras tomaba la mano de Matt en gesto de apoyo.
-Así es y me despidieron por las faltas.- añadió Matt.
-En verdad lo siento muchísimo, no pensé que...- Matt sonrió y negó con la cabeza.
-No, no, está bien, señor, entiendo que quiera saber en qué trabaja el pretendiente de su hija. Pero tengo una entrevista de trabajo mañana para trabajar en un banco y bueno, yo espero que esta vez todo vaya mejor.- explicó Matt.
-Eso me alegra. Admiro mucho que hayas sido sincero conmigo, Matthew...- sonrió mi padre.
-Gracias, señor.- agradeció Matt mientras yo escondía una sonrisa de oreja a oreja, tomando de mi copa de vino.
-Pero bueno, cariño, ¿por qué no abres los regalos que te trajeron?- dijo mi padre poniendo punto final al tema.
-Por supuesto...- me levanté de la mesa y fui por los regalos que Matt y su abuela habían traído. -¿Cuál de los dos quieren que abra primero?- pregunté.
-¡El mío obviamente!- dijo la señora Miroslava. Matt rodó los ojos.
-Hahaha está bien...- reí divertida y comencé a abrir la bolsa de regalo. Al abrirla encontré en el interior un adorable oso de peluche color café, de unos 50 cm de largo. -¡Oh por Dios!- dije muerta de ternura.
-No tuve mucho tiempo para pensar en tu regalo, pero todas amamos los osos de peluche.- dijo la señora Miroslava con una sonrisa.
-¡Es precioso, señora Miroslava, se lo agradezco!- dije mientras abrazaba al peluche.
-Ahora el mío...- dijo Matt ansioso.
-Bueno...- senté a mi oso en una de las sillas del comedor y comencé a abrir el regalo de Matt. No lo podía creer; un maletín lleno de cientos de colores y lápices profesionales para dibujar.
-¡Matt!...- dije sorprendida sin palabras. -Por Dios, esto es grandioso.-  emocionada veía cada una de las cosas que contenía el maletín y pensando todos los dibujos que podría hacer con cada una de ellas.
-Oye, ¿qué no eso es de la misma marca del primer paquete de lápices que te compré?- preguntó mi papá inclinándose para ver mi regalo.
-Sí, es de la misma, sólo que esto es como tres veces más grande. Matt, debió costarte mucho.- dije apenada.
-Linda, deja de pensar en eso y sólo disfrútalo.- Matt se levantó de su silla y dio un beso en mi mejilla.
-¡Muchas gracias!- rodeé con mis brazos su cuello y lo abracé.
-Bueno, yo sé que ya te había dado tu regalo, cariño, pero tengo algo más para ti...- mi padre fue a su habitación y regresó poco después con dos cajitas de regalo. -En realidad uno lo mandó tu amigo Ben... este para ser exactos...- me dio una de las cajitas, misma que me apresuré a abrir.
-Ese idiota debió de haberla pasado conmigo también.- dije divertida mientras rasgaba la envoltura.
-Eso dijo él, pero tú sabes, está ocupado con sus estudios.- se encogió de hombros.
-¡Vaya, me encantan!- dije sacando de la envoltura los lindos audífonos rosados y con orejas de gato que Ben envió.
-Este sí es mío...- me dio el último regalo. Retiré la envoltura y me encontré con un hermoso álbum lleno de fotos de nosotros con mi madre o simplemente ella. Mis ojos se llenaron de lágrimas. -Tenía todas esas fotos en mi vieja computadora, así que las imprimí y te hice un álbum.- explicó.
-Oh padre, muchas gracias...- lo abracé.

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