5
Julio, 1980
Los gritos de los compañeros de Lily y Fleur se escuchaban por todo el patio del instituto. Fleur estaba masticando una manzana mientras Lily estaba recostada en el tronco del árbol sintiendo el sol colarse entre las ramas y hojas.
Tenía la vista fija en las personas mientras el culo del lápiz pegaba contra la hoja arrugada que tenía en sus piernas.
«¿Qué tanto debemos escapar para poder soñar libremente? Siento que viviré escondida a este paso en que el mundo ve la existencia humana».
Lily leía una y otra vez el borrador de un pedazo de pensamiento. Con una ligera chispa de lástima. Deseaba algún día ser una autora reconocida. Amaba la idea de poder ver su nombre en los lomos de los libros y algún día, en un futuro, que sus libros fueran leídos como clásicos.
Esa idea le llenaba de ilusión. Su corazón seguía latiendo por esa idea, pero sabía que su madre odiaba la idea de que ella fuese escritora. Odiaba la idea de que su rostro pasara más tiempo entre las páginas de libros que frente a un tocador en busca de un chico. Y de alguna forma, Lily quería hacer las cosas bien con sus sueños y su vida.
Deseaba poder escuchar que su madre la apoyaba porque entendía que si cometía un error, al volver a casa escucharía «te lo dije» de parte de su progenitora. Por eso, lo único que le quedaba era escribir esos pensamientos en eternos borradores y esperar a que algún día fueran más que eso.
—Lilian— la llamaron.
Su mirada rápidamente se despegó de la hoja arrugada y fue directamente hacia Fleur, quien había sido la que le había llamado de esa forma.
—No, ni se te ocurra llamarme así de nuevo. Sabes que detesto mi nombre completo— sentenció señalando a Fleur con el lápiz.
Claramente, su amiga sabía cuánto detestaba ser llamada de esa forma y a falta de su atención por estar sumergida tanto en eso, se había visto en la obligación de llamarla por su nombre completo.
Era una carta que nunca fallaba.
—¿Qué tanto escribes? — preguntó su amiga.
—Te recuerdo que ya no escribo. He dejado de hacerlo — mintió.
Fleur asintió con su cabeza y le dio una cálida sonrisa a Lily.
—Lo sé, pero sabes que estaré aquí para leer tus cosas cuando decidas retomar la escritura, ¿verdad?
—No lo volveré hacer. Cometí un error, Fleur. Nosotras... — enmudeció.
«No tenemos derecho a soñar» pensó.
—¿Nosotras qué cosa, Lily? — su amiga insistió.
Lily guardó silencio. Sintió a su amiga recostarse en sus piernas. Bajó la mirada, encontrándose con una expectante de su amiga mientras le daba una pequeña sonrisa.
—No lo calles, Lilypo — animó.
Pero algo dentro de ella sentía que no podía decirle la verdad. Ella no podía decirle la verdad por la cual había dejado de escribir. Sentía que nadie le creería porque su familia no se veía de esa forma frente a los demás. Todo parecía normal como para que la mujer que le dio la vida fuera la misma que le destruyó la idea de soñar y ser alguien en la vida.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romance¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
