34
Diciembre, 1981
—¿Tienes pensado hacer algo hoy, tiburoncito?
La voz del padre de Lily se escuchó sobre la televisión. Lily —quien estaba tirada en el sofá — levantó la vista. Vio a su padre tener la vista sobre el televisor mientras esperaba su respuesta. Ese día era 31 de diciembre, como nada había transcurrido ya un año. Todo pintaba a ser igual, ir al parque y escuchar las doce campanadas, solo que ese día algo estaba diferente.
Lily no dudaba ni dos segundos que ese día saldría. Esta vez habían quedado con Martín de pasar el año nuevo. Estaba esperando a que cerrara la librería para poder salir y encontrarse con él a la salida. Él había insistido en que llegaría a su casa, pero quedaron al final que ella llegaría.
—Saldré con... un chico — respondió.
Su padre se detuvo de cambiar los canales y frunció el ceño.
—¿Un chico? — preguntó con cautela.
Lily asintió con la cabeza. Se levantó del sillón y de puntitas se fue al sofá en que su padre estaba. Se dejó caer y luego recostó su cabeza sobre él. Su mano pasó debajo del brazo de él.
—¿Lo conozco? — preguntó.
—Quizá, no lo sé. ¿Has ido a la biblioteca?
—No, hace tiempo que no voy, desde que las compras las haces tú ya no voy — confesó su padre.
Lily asintió mientras se concentraba en cómo las manos de su padre acariciaba el dorso de la suya. Veía la piel levemente arrugada y algunas manchas de vejez sobre ellas.
—Algún día te lo presentaré — dijo, por fin —, pero aún no.
—Esperaré a conocerlo, tiburoncito, solo no le digas a tu mamá.
—¿Será nuestro secreto?
—Será nuestro secreto, tiburoncito.
✿
Lily cepillaba su cabello luego de salir de ducharse. Había terminado de alistarse para poder irse y encontrarse con Martín. Vio su reloj de muñeca en el lavabo, marcaban las ocho de la noche. Aún hacían falta dos cuartos de hora para encontrarse.
Llevó todos los mechones de su pelo detrás de sus hombros y se acercó al espejo para aplicar un ligero bálsamo labial de cacao. Estaba casi lista. Tomó unos sujetadores para colocarlos en cada lado de su cabello, pero unos golpes en su puerta la hicieron saltar.
—Lilian Marce, abre ya mismo la puerta.
La voz de su madre sonaba al otro lado de la puerta como si le quisiera gritar, pero sus dientes no la dejaran. Dejó los sujetadores en el lavabo y tomó su reloj. Abrió la puerta mientras lo abrochaba.
—¿Sucede algo, madre? — preguntó.
Su voz estaba relajada. No tenía miedo alguno y ni siquiera la vio cuando hizo la pregunta. El silencio le hizo levantar la vista. Y en ese instante quiso soltar una cubeta enorme de palabras soeces. Quiso soltar todo lo que pudiera y sobre todo detener el mundo para que pudiera salir corriendo y no escuchar todo lo que seguía después.
Bastaron cinco segundos de ese día para que todo se arruinara. Cinco segundos parecen tan vanos, pero tan largos para abrir miles de posibilidades de lo que sucederá el segundo siguiente. Para Lily esos cinco segundos en los que abrió la puerta y vio a su madre pasaron como cinco horas a cinco milisegundos.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romance¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
