19
Julio, 1981
La música hacía que la piel de Lily diera vibraciones al mismo ritmo. Podía sentir la forma tan extraña en que su corazón conectó con el golpeteo que se escuchaba al fondo. En su vida había entrado a un lugar tan diferente. Tan opuesto a lo que siempre miraba.
Tan distinto a sí misma.
No era como la biblioteca, o la heladería, muchos menos tenía ningún parecido a esos sitios en los que siempre pasaba. Era oscuro con luces neones, no había mucha decoración más que mesas a los alrededores y un graderío al fondo, a la punta opuesta de donde estaba ella parada.
Era, sin duda para ella, como haber entrado a un universo nuevo del que nunca había probado. La cosa es que, en esos momentos, a Lily ni siquiera se le pasaba por la mente con quien estaba haciendo muchas de sus primeras veces.
Su mirada pasó por todo el lugar buscando a sus amigas. Mientras tanto, Martín aún seguía parado detrás de ella con las manos dentro de sus bolsillos. Mostraba un aire relajado. De alguna forma él sabía que no era correcto dejarla ahí.
—¡¿Las ves?!
Lily lo escuchó gritar detrás. Su voz rozando casi su oreja. Un cosquilleo estalló en su contra, como si ese fuera el efecto natural de tenerlo cerca. Negó con la cabeza para no estar hablando a gritos. Se quedaron algunos segundos ahí parados. Justo cuando iba terminando una canción que ella no conocía, creyó que ese sería el momento para poderlas buscar, a lo mejor estaban entre el público.
Comenzó a caminar por las orillas del gimnasio. De forma disimulada pasaba la vista por las mesas y por las personas. Sentía a Martín seguirla detrás y por el rabillo notarlo saludar a algunos chicos que platicaban en las mesas. Él parecía muy popular entre todos ellos.
Lily se detuvo en el centro del espacio donde estaban las mesas. Seguía sin encontrarlas y habían pasado tres canciones para entonces, según sus cálculos eso ya eran casi nueve minutos.
—¡A lo mejor están en el baño!
Lo escuchó decir inclinándose hacía ella para que lo escuchara mejor.
—¡¿Lo crees?!
—¡Pues sí, no tienen mucho a donde ir, Lilian! ¡Dale tranquila, no les pasará nada, ya vendrán!
Martín intentaba espantar la cara de preocupación que Lily tenía encima. La veía restregar sus manos entre sí y rascar algunas veces su cuello con nerviosismo. Era claro que él la había sacado de su zona de confort. Ese mundo no era el de ella y él lo sabía.
—¡Sí, supongo! — comenzó. —¡Si quieres ir a bailar, ve, yo estaré aquí!
Martín negó con sus manos. No dijo nada, solo se quedó a su lado para hacerle compañía. Lily se limitó a ver a las parejas bailar. Las chicas agitaban sus cabellos ondulados al ritmo de la música y reían con cada cosa que sus parejas les decían al oído.
Ella quería poder estar viviendo de esas historias de amor. Un amor de secundaria sin miedos o preocupaciones. Sin tantos pensamientos de dudas que golpearan su cabeza, pero, al contrario, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho pensando la razón de porque no podía ser más... suelta.
Menos aguafiestas. Quizá más como ella en realidad quería llegar a ser. Alguien que se dejara llevar por el momento, ser impulsiva, sentir sin pensar tanto y olvidar, sobre todo, la palabra "consecuencias" de los actos.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romance¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
