40
Junio, 1982
Martín recordaba una de las tantas conversaciones que había tenido con Lily. Sobre todo esa conversación de las mentiras y verdades. Sobre esas mentiras o verdades que protegen, de esas que es mejor mantener ocultas porque se vive mejor así. La cosa es que, él le había mentido de forma piadosa hacía unos meses.
¿Cuál fue la mentira? Él no había sido invitado a la editorial ese catorce. En realidad había pedido permiso para viajar a un Estado cercano e ir a la universidad para poder ir a dejar el manuscrito de Lily a que alguien más lo leyera.
La creación de ella le había parecido algo admirable. Digno de que muchas personas lo leyeran, pero tampoco quería darle ilusiones a ella de que su manuscrito podía ser aceptado por los profesores de esa universidad y que lo mismo le permitiera estudiar. Ante esa situación fue que él decidió hacerlo sin decirle y si algo no salía bien, ella nunca se enteraría de esa prueba.
Él le mentiría de forma piadosa.
✿
Se detuvo a la mitad del pasillo cuando la desesperación lo acorraló. El gordo sobre entre sus manos le tenían un enorme peso en la espalda. Sabía el valor de ese manuscrito que llevaba consigo. Sabía que no debía tomarlo a la ligera porque llevaba en sus manos el sueño de una chica.
Llevaba el sueño de Lily entre sus manos.
Por eso solo se detuvo a tomar unas bocanadas de aire y continuó a paso rápido por el largo pasillo del primer nivel en la facultad de literatura. Vio algunos rostros conocidos, levantando la mano en forma de saludo, luego llegó a las gradas.
Comenzó a subirlas de dos en dos hasta que alcanzó a llegar al cuarto nivel. Al final de ese pasillo se encontraba esa oficina de rectoría y catedráticos, estaba seguro de que ahí estaría el viejo al que tanto buscó por todo el campus.
—Te tengo — musitó.
Se enderezó en el lugar donde estaba parado. Sujetó el sobre entre sus piernas y acomodó la corbata, el saco, el chaleco y el cuello de su camisa. Dejó escapar un suspiro al girar noventa grados y notar su reflejo en los ventanales.
No sabía en qué punto andaba, pero si era ese punto en que había ido a sacar sus mejores galas para poder ir al campus. Llevaba un traje verde musgo ajustado al cuerpo y una camisa beige. Pensaba que la combinación era extraña, pero tarde se había percatado de eso. Vio luego sus zapatos lustrados y seguido, pasado de unos segundos de nervios, agarro de nuevo el sobre y se dispuso a irse a comer el mundo.
O a que el mundo se lo comiera. Lo primero que sucediera no importaba, después de todo solo existían tres variables de lo que podía suceder en ese momento y su mente las repasaba una por una.
Variable uno:
Que lo dejen entrar, pueda hablar con él o los catedráticos y acepten leer los primeros capítulos del manuscrito, dejando a un lado todos los estigmas impuestos por la sociedad.
Variable dos:
Que lo dejen entrar, pero cuando sepan que no es estudiante de esa facultad y que fue escrito por una mujer lo terminen rechazando. (Nota: Era la variable que tenía más posibilidad de ocurrir).
Variable tres y última:
Que ni siquiera pueda entrar al salón.
Martín sabía que solo eso podía pasar y cuando su mano sujetó la perilla de la puerta, algo dentro de él se sintió pesado. Quizá entre las tres variables, sabía bien cuál de ellas pasaría. Conocía al mundo y la sociedad de mierda en la que vivía.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romance¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
