14
Abril, 1981
La vista de Lily iba moviéndose entre las líneas de su nuevo libro. Había decidido darle nuevas oportunidades a esos que había dejado abandonados alguna vez o que aún seguían en su lista de pendientes.
Aún debía esperar tres meses para que el último libro de su saga llegará y no leer nada en esos meses estaba dejando que todas las preocupaciones en su cabeza se escucharán con más volumen. Necesitaba silenciar el ruido en su interior.
Necesitaba con urgencia tomar de nuevo las riendas de todo.
Hasta ahora parecía que no estaba tan mal probar nuevos géneros. Era un libro de misterio y sobre todo un clásico escrito por un hombre. La dama de blanco era un libro que siempre mantuvo en el fondo de su estantería de libros, pero que ahora no se le hacía tan aburrido.
—¡Lilypo!
Su vista se detuvo justo en el punto de la oración. Levantó su mirada y vio a Fleur correr hacia ella con algunos libros en mano. Eran unos libros que había alquilado a mediados de marzo.
—Necesito que me salves. Solo por esta vez.
Llegó hasta ella de forma agitada. Dejó los libros a un lado y junto sus manos frente a ella para pedir «por favor» de forma frenética. Parecía un ruego para que Lily aceptara.
—¿Qué quieres que haga?
—Necesito que los vayas a dejar. Me quedé dormida en español y estoy en detención. Martín me dejó hoy como límite para devolver los libros.
Lily llevó su mirada hacia los libros y luego regresó a verla a ella y negó con la cabeza. No iría a la biblioteca a menos que fuera necesario. Se lo había prometido a sí misma y no era justo que el mismo destino no le estuviera ayudando a cumplirlo.
—¿Quién se queda dormida los últimos meses de clases?, Fleur casi ya no venimos al instituto y cuando vienes te quedas dormida, ¿de verdad?
—La arruiné, lo sé, pero es que solo nos estaba diciendo que estudiar para el examen general de admisión y me dio sueño escucharla. Sálvame ¿sí?
—Con un día no creo que te diga nada, además me ofrezco a pagarte la mult...
—No, tiene que ser hoy, definitivamente tiene que ser hoy. Venía a pie y pase por la biblioteca. El cabezota salió solo para decirme que debía devolverlos hoy sin falta.
—Venga, pero entonces ¿por qué no los dejaste ahí de una vez?
—Porque los iba a usar. Lily, por favor, solo esta vez — rogó. —Necesito regresar antes de que la señora Carter me castigue con otras cuatro horas.
Lily abrió sus ojos con sorpresa. Cuatro horas de detención era la máxima cantidad de castigo. Y su amiga se había llevado el boleto ganador del mayor número. Eso sería una tortura.
—¿Cuatro horas?
—Cuatro malditas horas — se quejó. —Perdóname Señor Jesús.
Se retractó rápidamente dando una sonrisa forzada con vergüenza. Lo único que Lily podía hacer por su amiga era quitarle la carga de devolver los libros sin tener que pagar la enorme multa que muchas veces cobraban. Sabía que suficiente tendría con la explicación que tendría que dar al llegar tarde a casa.
La misma Lily sabía que para el próximo encuentro que tuviera con ella tendría que escuchar el sermón que le habían dado a Fleur.
—Bien, yo los llevo.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romance¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
