24
Septiembre, 1981
Martín caminaba de un lado a otro. Ordenó de forma veloz los últimos libros que tenía en el carrito luego de haber cortado la llamada con el dueño de la biblioteca. Había conseguido poder tener un descanso de unas horas con el trato de cerrar más tarde.
Cogió el libro y el sobre que tenía sobre la vitrina. Dio un vistazo a toda la biblioteca asegurándose que todo estuviera listo. Caminó hacia la salida dudando si en realidad debía hacerle caso a esa chica que tuvo que sobornar con un helado a cambio de una respuesta.
«Al carajo, más vale ir a internarlo» se dijo a sí mismo.
Cerró la puerta de la biblioteca cuando el reloj marcó las dos de la tarde. Comenzó a caminar por las calles mientras llevaba ambas cosas entre su mano. Presionó el botón reproducir de su walkman y Camilo Sesto no tardó demasiado en hacerse escuchar.
"Piel de Ángel" sonaba en sus auriculares. Sus dedos libres tamborileaban sobre la pasta dura del libro. Iba en ambiente mientras pasaba las calles de ese pequeño pueblo. El verano estaba a un mes de terminar. A él le gustaba el verano, pero no mentía que prefería estar en otoño. Esa era su época favorita del año definitivamente.
Le gustaba sentir ese calor del verano sobre su piel, aunque detestaba broncear su cuerpo. Le gustaba poder ir a nadar a la pileta o comer de un helado mientras sus pies se mojaban en el río que estaba a unos kilómetros de distancia.
Amaba poder subir a su bicicleta y dejar que todo lo que no estuviera bajo el control del ser humano se le metiera bajo la piel. Le gustaba lo extraño, lo intenso y el caos. A Martín le gustaba el calor tan fuerte del sol porque sabía que nadie más le quemaría de esa forma. Le gustaba el viento porque algo dentro de él sabía que nadie lo agitaría de esa forma.
Adoraba todo aquello que estaba fuera de las manos humanas.
Todo eso que no podía ser controlado por los destructores. Y por esos gustos era que sencillamente las personas veían a Martín de forma extraña. Porque él era extraño.
Extrañamente bonito.
Martín se detuvo cuando llegó a esa cuadra. Había dado tiempo de media hora para que todo quedara vacío. Veía a uno que otro chico o chica caminar por esos lugares. Necesitaba entrar a ese lugar sin ser detenido y estaba claro que el ver a una mujer ahí parada justo en la entrada le decía que la entrada no sería tan sencilla como pensaba.
Era de esperarlo.
Se quedó parado algunos segundos opinando qué hacer. Hasta que un chico con la cabeza metida dentro de un libro le dio la idea perfecta.
—¡Ey! — le llamó.
El chico levantó la mirada de su libro. Dejando casi caer los lentes que tenía sobre su rostro y supo que su idea era perfecta. Que su plan estaba a nada de poder cumplirse.
✿
Lily trazaba de forma perezosa la mitad de una mariposa. Tenía detalles minuciosos que había conseguido trazar luego de media hora de detención. La pereza se notaba en el semblante de ella. A ese paso tendría tiempo suficiente para no solo crear una sino una camada de mariposas.
«Es curioso» pensó. Intentaba comprender cómo funcionaba el calcar la mitad de una imagen y que saliese a tal extremo de perfección que te costará saber cuál había sido en un inicio la original.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romans¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
