¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas?
En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
Sus manos sujetaban el volante del coche, iba pisando el acelerador para poder llegar lo más pronto posible. No iba prestando atención a lo que iba pasando en el estéreo. Diría en realidad que sus sentidos iban al máximo en la calle y en todo lo que sucedía, pero se le pasó por alto presionar el claxon en esa calle.
El sonido que alerta a los demás coches, no lo hizo porque para él estaba en verde y luego, solo sintió como el volante entre sus manos ejercía una fuerza desconocida y el coche moviéndose a un lugar a otro.
Su pecho se sintió presionado cuando el cinturón agarró seguro y después algo oscuro luego de sentir que su cabeza golpeaba contra algo. El olor a sangre, tierra y lluvia llegaron a él.
—Lo siento — susurró en agonía.
Él lo sentía, porque nunca podría llegarla a ver con un vestido de novia.
Fin de Calcomanie.
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