20
Agosto, 1981
Algunos meses atrás, Lily había leído en alguna parte algo que decía: luego de una conexión nada vuelve a ser lo mismo, menos cuando se sujetan lazos tan pequeños de la personalidad de uno que nadie nunca había tocado.
Y vaya, si no tenía razón, pero aun con tanta verdad en algunas palabras, se había olvidado leer las letras pequeñas, en efecto, nada era lo mismo luego de eso, pero había dos caminos trazados.
El primer camino era: «existirá un progreso entre las personas, creando como resultado un avance en las relaciones sociales como objetivo la efectividad y la cercanía».
El segundo camino era: «la tensión de la conexión que produce lejanía. Generando tensión en el hilo invisible que se está fortaleciendo. Tensándose a tal extremo que crea la probabilidad de romperse en segundos».
Era decepcionante el segundo camino entre las únicas opciones. Simple, era un sí o un no que cambiaba el sentido del mañana.
Para Lily, quizá había sido el segundo camino el que había marcado las cosas con Martín. A lo mejor eso era lo que debía suceder. Después de todo, al terminar la fiesta, él la había ido a dejar a casa y solo dijo: «luego».
«Luego» pensó.
«Luego» la palabra le sonaba grotesca y fría para las miradas que se habían dado. Le sonaba tan tranquila y vacía para el contacto físico que habían tenido. Le sonaba a que poco importaba la forma tan libre que se había mostrado frente a él.
Luego de eso, Martín se fue por la calle de donde habían pasado y desapareció sin más. Era como si todo hubiese regresado al inicio.
✿
Su barbilla estaba sujetada en una de sus manos mientras su vista estaba en algún punto muerto del almacén que estaba al frente. Agosto estaba comenzando y en ese instante ella tenía demasiadas cosas en que pensar, pero su mente se concentraba únicamente en una mirada clara.
Debía pensar que en un mes debía decidir si mandaría o no papeles para la prueba de admisión universitaria, aun si debía ir contra su madre. Debía pensar en qué universidad intentaría entrar y si tenía la valentía suficiente para hacerlo.
Lily tenía demasiado en mente más ese día Martín tenía todo el espacio ocupado.
No se había atrevido a ir a verlo y mucho menos se sentía en la capacidad de aparecer frente a él y fingir que no había sentido como por segundos ellos pudieron ser Lilian y Nicolás sin problemas.
Sin debatirse la vida entera y estar contradiciendo al otro.
A lo mejor, ella por segundos, mientras regresaban a casa y sus brazos se sujetaban alrededor de la cintura de él, pudo pensar en que ese chico comenzaba a agradarle. Comenzaba a hacerle sentir cosas en el estómago. Comenzaba a sentirse cómoda y a querer que el tiempo se detuviera.
Mientras lo sujetaba, elevo la vista al cielo para ver las estrellas y pidió el deseo que el camino a casa se hiciera extraordinariamente eterno. Lo deseo de esa forma, pero todo eso desmoronó después de escucharlo decir: «luego» e irse de ahí. Quizá en realidad ellos sí se llevaban mal.
—Luego...— murmuró —. Que loco...
Cerró sus ojos y lo primero que pensó fue en Nicolás, no en Martín, sino en Nicolás. Recordó cómo sintió su tacto cuando bailaron juntos una canción de Camilo Sesto. La mirada de él sobre la suya. Haciéndola sentir tan fuera de sí misma que fue la primera vez que sintió que se estaba mostrando ella. Que no estaba silenciando a la copia que tanto ocultaba, solo era ella.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Storie d'amore¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
