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Julio, 1981

Los golpes en la puerta hicieron levantar la mirada a Lily del libro que seguía leyendo. Encontró a su hermana, Josephine, parada en el marco de la puerta, viendo con los brazos cruzados. Levantó las cejas con sorpresa, después de un tiempo conseguía verla.

      —¿Qué sucede? — le preguntó.

      —Mamá dice que bajes a comer, el almuerzo ya está servido.

      Lily asintió con su cabeza, ya no le parecía extraño que su madre mandara ahora a su hermana para que bajara a cenar. Lo había estado haciendo de esa forma los últimos meses desde la pelea de enero. Su padre también ya había ido y la única conclusión que ambos llegaban era que debían confesar que el orgullo de la señora Diallo estaba a un nivel extremo.

      —Ahorita bajo, gracias.

      Su hermana le dio una media sonrisa y luego se fue. Por otro lado, cerró el libro que tenía en su escritorio y se levantó para bajar a almorzar. Luego de comer subiría de nuevo a encerrarse y leer un poco, a lo mejor conseguía tomar una decisión sobre lo que elegiría los próximos meses.

      Bajó las gradas de dos en dos. Llegó al comedor. Sus padres ya habían tomado asiento. Ella tomó el lado que estaba a la par de su hermana sin mencionar una sola palabra. El silencio parecía ser la nueva compañía para Lily mientras estaba en casa.

      Como de costumbre, antes de iniciar a comer se tomaron las manos y agacharon la cabeza para bendecir los alimentos.

      —Padre nuestro que estás en los cielos...— escuchó a su padre orar.

      Sus ojos se cerraron, pero mentiría si dijera que Lily siguió la línea de la oración. Únicamente quería terminar de comer o en realidad quería comer en paz y luego regresar a su habitación.

       —Amén.

        Su mirada se levantó al instante en que sintió a su hermana forzar a cortar el agarre que tenían sus manos.

       —Amén— dijo —. Lo siento.

      Le murmuró a Josephine cogiendo los cubiertos que habían sido colocados a un lado. Tomó comida en su cubierto y cuando estuvo por llevársela a la boca, su madre la llamó. Con ese frío tono tan peculiar que tenía para hablarle.

      —Lilian Marce.

      El aire quedó atascado en sus pulmones.

      —¿Sí, mamá?

      Sus dedos presionaron con ligera fuerza los cubiertos al tiempo que vio a su mamá prestando atención.

       —La señora Garrel me ha dicho que no has salido con Nathan. Que en realidad le has rechazado algunas invitaciones. Te he dicho que si él te invita a salir no debes negarte. Nathan es el hombre que queremos para tu vida.

      Lily cerró los ojos y empuñó su mano que estaba debajo de la mesa. Tomó un respiro y respondió de la forma más tranquila que pudiera.

       —Para año nuevo me he juntado con él, pero ha salido corriendo. Además, la señora Garrel una vez me hizo la invitación, no varias veces — se excusó.

      —¿Qué has dicho para que saliera corriendo el pobre muchacho?

      Desde ese momento la voz de la señora Diallo había tomado un tono más frívolo y "brusco" hacia ella.

Calcomanie (Décalcomanie 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora