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Junio, 1981

Los dedos delgados de Martín estaban enredados en su cabello. Sentía la forma en que la atraía más hacia él. Podía sentir su cuerpo pegado al suyo y la forma en que su pecho subía y bajaba de forma desenfrenada. Su corazón latiendo frenéticamente y sus manos buscando de donde aferrarse.

      Su rostro estaba demasiado cerca del suyo. Lily podía sentir como la respiración de él golpeaba con su aliento tibio sus mejillas haciéndolas teñirse de rojo carmesí. Podía ver la claridad en su mirada, aunque juraba que veía solo un universo completo dentro de ella.

      Algo indescifrable y diferente a lo que siempre había visto.

      —Nicolás — susurró en un ruego.

      La música que estaba a su alrededor no les permitía escucharse con claridad. Lo único que podían sentir eran las olas de vibración que sus cuerpos daban al pronunciar las palabras. Aquel lugar donde ambos estaban arrinconados parecía una especie de habitación en un antro. Se sentía pequeño y las luces rojas pasaban por todo su cuerpo.

      —Quiero saber tus secretos —pidió —, deja de esconderte tanto de ti, Nicolás. ¿Quién eres?

      Martín se inclinó hacia al frente. Colocó su cabeza a un lado de la de ella. Justo para que sus labios quedaran al nivel de su oído y ella escuchara con claridad.

      —¿Quieres descubrir los secretos que tengo, Lilian?

      —Mjm — respondió.

      —¿Segura, Lilian? Tengo muchos secretos dentro que podría ser que te encuentres un universo del que no puedas salir.

      Un escalofrío recorrió su cuerpo y se instaló en la parte baja de su vientre haciendo cosquillas. Los latidos de su corazón ya se podían sentir en la punta de su lengua y una sensación embriagante que solo surgía cuando el estaba cerca.

      —Estoy segura.

      —Bien, comienza con esto, entonces, ¿Tienes siquiera la idea del descontrol que generas en mi cuerpo, Lilian?

      La voz de Martín salió de sus labios dando electrizantes corrientes sobre la boca de Lily. Obligándola a pasar su lengua sobre ellos para humedecerlos.

      —No — susurró cerca.

      —¿No?

      Negó con la cabeza.

      —¿Me quieres mostrar, Nicolás? Enséñame el descontrol que genero en tu cuerpo cuando estoy cerca.

      Una sonrisa inundada de picardía se dibujó en el rostro de él. Lily dejó escapar un jadeo cuando la mano de Martín tomó la propia y la hizo recorrer el cuerpo del él. Llevándola desde su nuca, a su pecho y a la orilla del pantalón. Los dedos de ella se aferraron a ese lugar.

      —Descubre qué tan loco me tienes por ti, Lilian. Por favor, solo hazlo.

      Y Lily dejó que su mano bajara más allá que solo el inicio de los pantalones del pelirrojo. Él era quien la guiaba y de repente un brillo se estrelló en la mirada de ambos cuando la mano de ella quedó sobre la abultada erección de él y ejerció una ligera presión. Un gemido ronco escapó de la garganta de él.

      —¿Cuándo, Lilian? — preguntó en un jadeo.

      —¿Qué cosa, Nicolás?

      —¿Cuándo me darás permiso de besarte?

Calcomanie (Décalcomanie 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora