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Agosto, 1981

El sonido del autobús retumbaba en los oídos de Lily. Su cabeza golpeaba contra la ventana mientras sentía a Fleur recostada en su hombro. Su vista iba fija en los horizontes y aunque era una mirada pacífica la que se conseguía ver en el reflejo, su corazón no iba de la misma forma.

      Se sentía nerviosa e indecisa. Cada segundo se acercaba más al lugar donde debía elegir lo mejor para su futuro o en realidad lo que terminaría haciendo. El lugar que tenía las puertas para crecer y cambiar su vida el día de mañana.

      ¿Acaso no era una decisión demasiado fuerte para ser tan jóvenes?

      Lily en esos instantes lo creía. En definitiva, creía que tomar una decisión en la que se basaría el resto de tu vida a los 18/19 años era algo que debía ser cargada con mucha responsabilidad. De la cual no creía tener mucha.

     Pensaba en que a lo mejor debía darse más tiempo. Cuando se fuera más maduro, más responsable, más... valiente. Ella no sentía tener ninguna de esas cosas para poder bajarse del autobús y escuchar charlas de universidades. En donde ella dejaría que una institución tome de lo que su vida se basara.

      Quizá Lily pensaba que no era madura, pero tenía claro que elegir una carrera en ese momento significaba que sería una decisión para el resto de su vida. Tenía en claro que si elegía mal se estancaría y comenzaría a dejar cursos. Sí, la vida era tan irónica que colocaba a jóvenes a tomar una decisión con tanto peso. Que esa decisión te acompañaría hasta el último día antes de morir.

      —¿Vas bien?

      La voz de su amiga cortó sus pensamientos.

      —Sí, solo nerviosa — confesó.

      —Tranquila, Lily, de las dos eres tú quien sabe lo que quiere en su vida y esas oportunidades no suceden todos los días.

      Y su amiga tenía razón. Lily sabía lo que ella quería, pero había algo que la detenía. La idea de cortar lazos con su madre no le agradaba, era su madre después de todo, pero, luego, recordaba las palabras de Martín y todo se volvía un desorden.

      —Gracias, Fleur.

      Lily se recostó de nuevo en la ventana. Necesitaba concentrarse en buscar encontrar algo que le dijera que estaba haciendo lo correcto. Algo que le dijera que aunque pareciera que todo era un error, no era de esa forma. Necesitaba respirar e ir a buscar lo que realmente la hacía feliz.

      El autobús se detuvo minutos más tarde frente a la feria.

      La feria universitaria era conocida desde los 60. Se habían realizado estadísticas comprobando que ayudaban a los jóvenes a elegir mejor sus profesiones cuando experimentaban de cerca el mundo de los adultos. Desde entonces, cada año una universidad se presta para recibir a los estudiantes graduandos y a las demás universidades.

      Lily creyó que ese día estaba demasiado lejos aún, pero ahí estaba caminando por el pasillo del autobús con su amiga detrás para bajar a una universidad y experimentar lo que un día estuvo lejos ahora estaba frente a ella.

      —¡Dios Santo! Ir sentada tanto tiempo me va a quitar el poco trasero que tengo — se quejó.

      Lily se giró en el pasillo del autobús, la vio con mala cara antes de bajar.

      —No seas tan dramática, Fleur, hablamos de que el recorrido fue de hora y media. No es como si hubiese sid...

      Sus labios se cerraron atrapando sus palabras.

Calcomanie (Décalcomanie 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora