39
Mayo, 1982
Estaba claro que no había forma de que una noticia se pudiera decir de mejor forma. A Lily no se le daba mucho el suavizar ciertas cosas que debía decir o hacer. Quizá había sido demasiado directa e impulsiva. A lo mejor debía haber buscado otra forma o decirle en otra ocasión que no fuese esa. Era una de las tantas cosas con las que aún le tocaba lidiar.
Al final, por sí misma había terminado cortando un momento tan íntimo con sus palabras. Sí, ahora que lo había dicho y que había visto la forma en que se lo había dicho, pensaba en que en definitiva debió haberlo dicho de otra forma más sutil y no tan de golpe.
—¿Nicolás?
La voz de Lily había salido en un susurro. Sintió las manos de él detenerse de acariciarla y su ceño estaba fruncido de forma notoria.
—No irás — ordenó.
—Escúchame, Nicolás... — intentó hablar.
—¿Me dirás que tienes una excusa para ir? No quiero que vayas, Lilian — la interrumpió.
Ella podía sentir el enojo de él. No era común verlo en ese aspecto tan descompensado. Se veía furioso, pero lo estaba intentando retener. Sus fosas nasales se abrían y se cerraban con fuerza. Sus labios estaban siendo mordidos por sus dientes para retener cualquier tipo de palabra.
—Estoy molesto, Lilian — afirmó —. Mejor hablemos después cuando se me haya pasado.
Lily negó con la cabeza. Había visto a sus padres pelearse muchas veces. Su madre subía a encerrarse y dejaba a su padre en la sala. Ella se quedaba ahí en la cocina viendo como su padre soltaba respiraciones más lentas. Como si le sentará mal pelear con su madre.
Seguido ella se ponía de pie y caminaba hasta donde él estaba y se dejaba caer a su lado. Sentía la mano de su padre pasarle por su cabello y pasado de unos minutos se atrevía a hablar.
«Cuando tengas a tu esposo, no permitas que se vayan a dormir molestos. La comunicación y la compresión es lo fundamental en los matrimonios. Si se van sin hablar no sabrán si el día de mañana existirá para algunos de ustedes y puedan solucionar el problema».
Su padre siempre se lo repetía y prometía que cuando llegara a tener una pareja ella seguiría el consejo de su padre. Se aferraba a que se comunicaría con su pareja para no tener que pensar que quizá ella respirará de forma pausada ante la ausencia del otro o viceversa.
Ahora que tenía a Martín era momento de que ella siguiera el consejo de su padre.
—Hablemos ahora, Nicolás. No quiero dejarlo para más tarde porque no sabemos si lo tenemos con certeza, tenemos ahorita y si lo podemos solucionar ahorita no deberíamos dejarlo para más tarde.
Martín cerró sus ojos. Luego solo dijo:
—No quiero que salgas a una cita con otro hombre, Lilian. Eres mi novia y no quiero decirte que eres mía porque se escucha posesivo, pero no quiero compartirte ni siquiera por deseos de la mujer que un día será algo más que tu madre. No quiero compartirte.
Su corazón se encogió debajo de las palabras de Martín. En su vida había escuchado a un chico decirle que era de él. Que dijera cada una de esas palabras con un tono serio y... posesivo. No mentía que le gustaba como él le había dicho aquello.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romansa¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
