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Enero, 1983

Martín siempre repitió que los sacrificios deben hacerse cuando se cree que es necesario. Algunas veces alcanzar lo que más has deseado en tu vida puede que signifique comenzar a tener roces negativos con tu familia o perder a la persona que más has amado en tu vida.

Seguir un sueño significa algunas veces perder a la persona que se acurruca entre tus brazos cuando tiene frío o quiere decirte que te ama. Esa persona que se escabulle de forma lenta entre tus brazos cuando tiene miedo. Cuando se siente vulnerable y necesita protección. Significa perder a la persona a la que le aparecen destellos en la mirada cuando llegas y corre a abrazarte.

Era perder a la persona que te toma de la mano sin miedo cuando van en la calle. Que pregunta por tu día o incluso va a tu trabajo para matar el aburrimiento juntos. La persona que comparte sus momentos más personales contigo. La persona que se corre para que te tumbes en la cama a su lado y duerman juntos.

Y Martín había tenido que pagar un alto precio para poder seguir sus sueños: la vida que pudo tener con Lily.

Su futuro con ella había sido el precio a pagar.

Habían transcurrido cinco días desde que se lo dijo. Había movido la fecha de su viaje con la esperanza de verle aun cuando ella estuviera molesta. Sin embargo, la puerta de su casa nunca fue golpeada de forma delicada avisando que ella estaba al otro lado. La esperó y la esperó. Una hora y luego dos, hasta que se hizo el día completo.

«Vendrá mañana» se había dicho, pero el mañana llegó y ella nunca tocó a su puerta. Por eso, al cuarto día fue él por ella. No podía pasar el resto de su vida esperando a que ella fuera. La vida era demasiado corta para ir ahí soltando a las personas de una manera tan sencilla.

La idea de que todos eran reemplazables era aborrecedora. No cualquier día te encuentras con alguien que corre a tus brazos para saludarte. No todos los días te encuentras a una Lily que coloree tus días con los colores más brillantes que las de tu paleta de colores.

Martín sabía que no todos los días se encuentra a una persona que agite cada parte de la existencia que uno tiene. Que acelere el corazón y que te convierta en un desastre de sentimientos inexplicables.

No todos los días se encuentra a quien amar.

Por esas cosas y más, Martín había ido un día antes a tocar la puerta de Lily. Le había llamado con suavidad y luego con insistencia. Le había tocado incluso desde su ventana, pero la puerta nunca fue abierta, aun sabiendo que ella sí se encontraba dentro.

Ella no le quería ver, esa era la única respuesta.

Dejó una nota con la hora en que tomaría el tren al día siguiente. Le escribió el lugar, la hora y el día. Luego de eso, estaba solo en Lily la decisión de cómo quería que las cosas quedarán entre ellos. No le podía obligar, pero tampoco podía pausar su vida en un momento que tanto le costó conseguir.

Martín se detuvo solo unos instantes. Necesitaba de algunos segundos para asimilar lo que estaba por suceder. Las valijas en sus manos pesaban y era lo único que lo mantenía con los pies pegados a la realidad. Sus hombros cayeron un poco más luego de darse cuenta de que, estaba por tener todo lo que siempre persiguió, pero no estaba ella.

Lily no estaba en ese momento y se sentía terrible.

Se sentía agonizante y atormentador, pero aun cuando se siente que la vida ahorca, se debe buscar como respirar. Y él lo sabía demasiado bien. No era la primera vez que aprendía a respirar con la asfixia de la vida. No era la primera vez en que debía seguir caminando aun cuando deseaba detener algunos instantes su vida.

Calcomanie (Décalcomanie 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora