17
Julio, 1981
Los científicos aseguran que el cerebro tiende a recordar más cosas de las que en realidad está dispuesto a recordar. Como, por ejemplo, recordar rostros que aunque creemos que no conocemos, en algún momento de nuestra vida los hemos visto.
Recordar también momentos y emociones específicas. El cerebro tiene la capacidad de memorizar a máximo detalle, así como solo recordar una sola cosa en un momento sucedido.
Y el cerebro de Lily, hacía unos días, solo había conseguido recordar la mirada clara de Martín sobre ella. No recordaba más, olvidó lo que había leído y todo lo que había pasado a su alrededor, olvidó su enojo y la presencia de Nathan. Olvido, la sensación del calor, la briza pegajosa o el olor a metal de los juegos.
Solo quedó grabada la mirada de Martín.
La forma en que él la había visto. Como su corazón se había sentido al momento de verlo a él verla. Porque ahí, en el alma de Lily, estaba la verdad punzante que en su vida un hombre nunca la había visto de la manera en que Martín lo había hecho.
Esa mirada tan fuerte, penetrante y brillante que la había perseguido en la cena, en las paradas del autobús y mientras limpiaba sus dientes. La seguía cuando investigaba las universidades y cuando se quedaba en silencio en la sala escuchando el estéreo.
La había seguido durante algunos días consecutivos y después de tanto había conseguido un poco de tranquilidad en ese momento en que esperaba a Fleur y Joyce mientras estaba sentada en el columpio del parque.
Escuchaba el rechinar del columpio cuando se mecía. Tenía la mirada fija al fondo, viendo las casas y algunas personas caminar con la bandera de Francia pintada en sus mejillas o colgando de sus caderas o espaldas.
Sus manos se sujetaban fuertemente de las sogas del columpio mientras se mecía hacia adelante y hacia atrás para matar el tiempo.
Ese día era catorce de julio. La independencia de Francia. Se suponía que debía quedarse en casa como de costumbre o irse a la biblioteca, pero esa mañana había ido a intentar comprar un libro para leer esa tarde. Sin embargo, se había encontrado con el enorme rótulo que decía:
Cerrado por día festivo.
Feliz día de la libertad.
Y así se había resignado a regresar a casa. Llegó con la idea de tirarse en la cama y leer algo que ya hubiera leído, pero desde que entró su madre le había dicho que Joyce y Fleur habían llamado para que se juntaran en el parque.
Había pensado en no ir, pero entre pasar con su madre llamándola a cada rato de manera frívola: «Lilian Marce», prefirió aceptar y salir algunas horas antes para poder matar el tiempo de una mejor manera.
✿
Los pies de Lily se estiraron para poderse impulsar hacia arriba y poder subir más. Sentía su pelo agitarse con el aire que recibía y el cosquilleo que nacía en la parte baja de su vientre cuando todo se iba hacia atrás.
Veía el cielo acercarse a ella al momento de subir. Como si pudiera alcanzarlo con la punta de los dedos y luego de golpe todo se alejaba. Todo estaba tan lejos que parecía imposible de ser alcanzado.
Su sueño de ser escritora se sentía de esa forma. Cuando escribía parecía que sus dedos podían tocar el cielo, pero al detenerse, al ver la organización del mundo y la forma en que pisoteaban su sueño, a eso le llamaba la caída en el columpio.
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Calcomanie (Décalcomanie 1)
Romance¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas? En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
