¿Me creerías si te dijera que el hilo rojo no es lo único que destina a dos personas?
En una localidad al sur de Francia. En la década de los ochenta, vive Lily Diallo una joven con el sueño frustrado de ser escritora. Todos los meses compra un nuev...
Si algo nunca le fallo a Martín, fue el buen ojo para las obras. Siempre sé fascinó con obras poco comunes que a los años alcanzaban el éxito en las artes. Era de los que se sentaba en las exhibiciones callejeras para estudiar tanto el arte como al artista. Analizaba en silencio, anotaba en su mente los detalles aun cuando solo fuese un crío.
Luego, volvía a casa con la abuela y le decía que había un artista con potencial en los callejones de Mallorca. Al final, ese artista llegaba de alguna forma aparecer en el periódico, donde se hablaba del éxito que había alcanzado. Tal como su instinto lo predijo. Desde siempre, él confió en que su instinto le decía lo que tenía futuro y lo que no. El problema fue, que cuando se vio a sí mismo como artista, sus obras y demás, su instinto no le dijo nada.
Se volvió a encontrar a ese fulano llamado instinto cuando vio a Lily.
Le vio futuro a ella, lo que nunca había encontrado en él.
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