Su mano se aferró con fuerza al barandal de las escaleras de su hogar. Podía escuchar como su hermano hablaba poco con Justin, supo que estaban en la sala por la televisión que se escuchaba de fondo. ¿A qué venía? Las manos de Alba comenzaron a sudar y se las secó en sus pantalones deportivos. Si Justin se quedaba mucho tiempo, sus planes para ayudarle a su madre con la limpieza del hogar se perderían.
—¡Alba! —Riley le gritó fuerte, pensando que aún seguía encerrada en su habitación.
Se lo había planteado, quedarse un buen rato ahí en su cama, ignorando que Justin estaba en su propia casa y que cuando se diera cuenta de que no bajaría, estaría ya muy harto y se iría de regreso al campamento.
Sin embargo, no lo hizo. Admitía que quería verlo después del pequeño ataque de celos que aparecieron cuando lo vio con la rubia. Pasó sus manos por su cabello, peinando los cabellos sueltos de su coleta y entró en la sala con los nervios al tope.
Justin estaba sentado alado de Riley, concentrado en el extraño programa de televisión que estaban sintonizando. Alba se recordaba que debía mantener la calma, estaba en su propia casa y así es como debería comportarse.
—¿Qué haces aquí? —fue lo primero que pronunció después de estar segundos observándolo. Aunque sonó un tanto brusca.
Riley la ignoró, ni siquiera la volteó a ver y continuó viendo su programa. En cambio, Justin se giró al segundo y se levantó rápido del sillón, encontrándose con ella en su lugar y Alba se cruzó de brazos.
—Ayer ni siquiera me hablaste o saludaste —contestó, yendo directamente al grano sin tomar rodeos.
Alba se abstuvo de decirle que fue todo gracias a la despampanante rubia con la que estaba muy pegado. Pero, ¿por qué tenía que reclamarle? No eran absolutamente nada. Y aunque ella se moría de ganas por decirle un par de maldiciones y que había sido un completo imbécil por salir con otra mujer después de que había salido con ella un día antes, se calló la boca. Guardándose todo eso, dijo la peor mentira del mundo.
—Estaba ebria, no sabía si eras tú.
Casi quiso darse un golpe en la frente. Por las expresiones de incredulidad que pasaron por el rostro de Justin, Alba supo que no le había creído. Sin embargo, ella no tendría que darle explicaciones, se sentiría demasiado avergonzada si lo hacía.
—Le diré a mamá —Riley dijo detrás de ellos, metiéndose por completo a la conversación.
Alba lo miró por el costado del cuerpo de Justin y le suplicó con los ojos que mantuviera su boca cerrada. Su hermano la obedeció y continuó prestando atención a la televisión. Al regresar la mirada hacia Justin, él tenía una mueca de burla y Alba se la quiso borrar con una cachetada.
—¿Y te fuiste así, ebria, en la madrugada hasta aquí? —preguntó, sin creer la mentira.
—Puedo cuidarme sola.
Justin parpadeó, casi perplejo por su tono brusco.
—¿No deberías estar en el campamento? —cuestionó Alba al ver que le había callado la boca.
—Me salté la hora de la comida —se encogió de hombros.
—¿Por qué?
—¿No es obvio? —dijo echando un vistazo a su alrededor.
Quería verte. Fue lo que creyó escuchar, lo había dicho tan bajo que Alba no estaba segura si lo había imaginado por el simple hecho de que aquello era lo que quería escuchar, pero lo dejó pasar.
—¿Quiénes eran con los que estabas ayer? —la pregunta salió antes de que pudiera callarse y dejarla inconclusa.
Tal vez era: ¿Quién era esa rubia con la que estabas ayer?
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Soldier [j.b.]
Fiksi Penggemar«Tu deber estaba aquí conmigo. No debiste volver. ¿Acaso no fui suficiente para ti?» Después de que Justin decidiera romper su promesa de no volver a sus servicios, Alba decidió dejar de esperar. Suficiente era con esperarle por 6 meses o hasta m...
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