Capítulo 11.

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Un giro. Dos giros. Alba se miró por el espejo de cuerpo completo de su habitación ceñuda. Era el quinto conjunto que se probaba, y al igual que los anteriores, no le gustó como le quedaba.

Alba pensaba que tal vez estaba siendo un poco exagerada con respecto a esta salida, después de todo, iban a un café. Sin embargo, al ver la escritura de Justin en aquél pedazo de papel que le dio cuando se presentó en su consultorio después de comer, provocó que Alba se esmerara en su aspecto. No quería que la viera fuera del trabajo como siempre iba: sin maquillaje. No solía maquillarse ni cuando salía con Lina y Hailey, pero era diferente, ellas dos eran sus mejores amigas, no temía que la vieran completamente desarreglada o despeinada. Sin embargo, este asunto era diferente para ella.

—¿Por qué no te pruebas el vestido rojo tinto que te regalé para tu cumpleaños?

La voz de su madre, Sandra, la sorprendió a sus espaldas y se giró. Sandra estaba apoyada en el marco de su puerta con una leve sonrisa en su rostro.

—¿Un vestido? —dijo Alba abriendo los ojos—. El frío está insoportable. Me congelaré.

—¿Saldrás? —preguntó su madre entrando a su habitación. Alba asintió—. ¿Con Lina y Hailey?

Alba sacudió la cabeza, negando, y se alejó del espejo para caminar hacia su armario, casi molestándose por no saber qué podría ponerse. Su madre se puso a su lado y comenzó a buscar con ella ropa, esperando a que Alba le dijera con quién.

—Es un soldado que atiendo en el campo —se obligó a decir después—. Su nombre es Justin. E iremos por un café.

—Bueno —soltó su madre mientras sacaba un gancho con el vestido rojo tinto—, sigo insistiendo que deberías ponerte este. Con estas medias negras —se apresuró a decir su madre cuando Alba iba a negarse a tomar el vestido—. Tengo un abrigo negro que te queda, iré por él.

Hizo una mueca cuando vio salir a Sandra de la habitación para dirigirse a la suya. Volvió a ver el vestido que tenía en sus manos y lo inspeccionó con la mirada. Hace mucho que no se lo ponía, no estaba segura si aún le quedaba pero se lo probó junto con las medias negras para no negarse enfrente de su madre y comenzar a buscar otra cosa pronto. Ponerse las medias fue todo un reto, casi se cae al piso cuando trató de ponerlas en su sitio.

Se miró en el espejo al terminar de ponerse las medias y el vestido, y debía admitir que era lo que más le gustaba hasta ahora. Tenía suerte, el vestido aún le quedaba después de un año sin uso y se veía casi como nuevo. Y aunque Alba sabía que sus piernas se iban a congelar, no podía evitar saber que al fin y al cabo se pondría eso. Le gustaba el vestido porque no le quedaba tan apretado, solamente en su cintura y luego se dejaba caer hasta encima de sus rodillas.

—Entonces, ¿te pondrás eso? —su madre entró con el saco negro en sus manos, dejándolo en la cama.

Alba asintió decidida y se puso sus botas negras de piel hasta la pantorrilla, con tacón bajo; así, el frio no le calaría en totalmente en sus piernas. Al igual que el vestido, hace un año que no las usaba.

—¿Quieres que te lleve? —volvió a ofrecerse su madre.

Ella le negó con la cabeza y le sonrió levemente.

—Puedo tomar el autobús. No es tan lejos de aquí, mamá.

No quería que la llevara, el cansancio de sus ojos era notorio por las pequeñas ojeras que su madre trató de ocultar en un mal intento de maquillaje. Alba prefirió dejar que descansara.

—Bueno —repuso mientras se levantaba de su cama y caminaba hacia la puerta—, dejo que te arregles.

Alba entró a su baño, sacando el poco maquillaje que tenía y colocarlo sobre el tocador. Se enchinó las pestañas para después colocarse máscara sobre ellas, pintó sus cejas poco pobladas y se puso base sobre su rostro. Sacó el labial café claro que tenía, relamiendo sus labios para que adquiriera más color. Se vió en el espejo; sus pestañas se veían aún mas gruesas, largas y eso le gustó, tenía un poco más de vida en su mirada pese a que también se sintiera cansada.

Soldier [j.b.]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora