No se dio cuenta que se había quedado dormida. Abrió los ojos y al recordar que a las ocho iba a salir con Justin, se paró de golpe.
—¡Mierda! —Alba exclamó al ver el reloj.
Marcaba las 7:30 pm.
Tropezó y casi cae cuando corrió hasta su armario. No podía retrasarse mucho, agarró unos leggings negros, una blusa holgada color roja tinta, tomó las botas negras y se cambió lo más rápido posible. Maldita sea, ella pensó. ¿Cómo pudo quedarse dormida? Se miró al espejo al terminar de cambiarse y aunque hubiera sido lo primero que encontró en su armario, le gustó como se veía.
Corrió, literalmente, hasta su baño, se maquilló solamente las pestañas y se puso un labial claro. Se roció de perfume y peinó su cabello.
7:45.
Alba corrió escaleras abajo, tomó el abrigo negro del perchero y antes de salir de su hogar, le gritó a su madre que saldría de nuevo hoy. No tenía tiempo para explicaciones. El viento helado le pegó al instante de salir y fue peor cuando corrió hasta la esquina de su calle, el autobús, para su mala suerte ya había pasado. Se desesperó cuando ningún taxi se dignaba a aparecer.
Corrió más adelante, y un taxi iba pasando, Alba gritó que parara. 7:55. Ella se abstuvo de maldecir dentro del vehículo. Zapateaba nerviosa en su hogar y se calmó al ver que no había tanto tráfico por el centro de la ciudad. Alba se bajó cinco calles antes, no podía esperar la luz verde, si había algo que Alba odiaba hacer, era llegar tarde. Básicamente le aventó los billetes al taxista y cerró de la puerta de un portazo.
8:10.
No importaban si eran 10 minutos, Alba siempre se había caracterizado por ser alguien puntual y no quería que eso se perdiera, ni con Justin ni con nadie.
Paró de correr cuando estuvo enfrente del local y antes de entrar, se aplastó el cabello con sus manos, el viento y la corrida no habían ayudado en mantenerlo en su lugar. Dió una inhalación profunda para disminuir los acelerados latidos de su corazón y entró.
Él estaba casi en la misma zona de la vez pasada, esperaba con su mirada puesta en el menú y Alba sonrió a la distancia. Justin no se daba cuenta de lo apuesto que se veía con jeans entubados y un suéter color negro. Se sorprendió, Justin se había vestido con un suéter. Zapateaba sus converse blancos en su lugar y levantó la mirada en cuanto la vió parada a un costado de la mesa. Le dedicó una sonrisa que a ella le gustaba mucho.
—Siento llegar tarde —se disculpó al instante—. Me quedé dormida sin darme cuenta.
—Llegaste 15 minutos después. Para mí, eso no es llegar tarde —Alba se relajó al instante. Justin se levantó de su silla y le dio un leve abrazo.
Su perfume llegó hasta la nariz de Alba.
—Así que, noche de karaoke, ¿huh? —pronunció una vez sentada y abrió el menú—. ¿Has cantado alguna vez?
—Ni hablar. Me dedico a observar a los valientes que lo hacen —Alba soltó una risa, ella de ninguna manera cantaría, lo hacía horrible y estaba segura que todos saldrían corriendo si la llegaran a escuchar—. Por cierto, he ordenado las donas de canela.
Alba sonrió en medio de la lectura que estaba haciendo del menú y dijo un gracias apenas audible. Sabía que la estaba mirando, pero se concentró más en saber qué pedir para beber, su mirada la ponía nerviosa y lo que más quería saber era qué podría estar pensando de ella en esos momentos.
Las donas se pusieron enfrente de ellos y Alba pudo bajar el menú por fin. Desvió la mirada hacia la esquina de donde ella estaba sentada. Una pareja estaba eligiendo una canción para el karaoke. ¿Cómo pueden cantar frente a todas las personas del local? Alba siempre había tenido pánico escénico, desde niña y adolescente nunca le había gustado participar en eventos de la escuela como teatro, danza, música/canto.
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Soldier [j.b.]
Fanfic«Tu deber estaba aquí conmigo. No debiste volver. ¿Acaso no fui suficiente para ti?» Después de que Justin decidiera romper su promesa de no volver a sus servicios, Alba decidió dejar de esperar. Suficiente era con esperarle por 6 meses o hasta m...
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