Hay momentos en la vida que nunca entenderemos por qué nos ocurren, como: ¿por qué perdí mi suéter favorito? ¿por qué se cayó mi comida al suelo? ¿por qué el semáforo tardó tanto en cambiar? ¿por qué el chofer del autobús no me esperó si estaba apre...
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El destino está escrito.
Apostaría mis tesoros más preciados a que la vida no se trata de coincidencias ni errores. No, no. Nacemos con un guión predeterminado a un propósito mayor; a impactar, sea cual sea el grado de su naturaleza; para bien o para mal, estaremos ahí en el momento preciso para que el evento transcurra tal fue narrado tiempo atrás, continuando el hilo de la historia que nos une a una vida pasada y al futuro más lejano.
En algún momento, un precio habrá que pagar y seremos nosotros los encargados de dar lo justo, duela o queme, la cuenta se salda. Mientras tanto, creemos elegir y hacer una vida que nos pertenece solo por un segundo. Gozamos las gotas de placer que bañan nuestros recuerdos y los conservamos, para aferrarnos a algo; lo único que existió.
—Doctor Larsson, es muy generoso lo que su organización hace por nuestra fundación —la trabajadora social colocó sus manos sobre el pecho sumamente agradecida.
—Nos complace —mentí ofreciendo una sonrisa, no me complacía ni un poco iniciar un aporte mensual para cubrir las necesidades de los niños huérfanos que allí residían.
—Si gusta y dispone de tiempo, puede pasar y convivir con ellos, son niños encantadores que la han pasado mal por mucho tiempo. Algunos han sido tristemente ilusionados por el amor de personas que los decepcionaron. Necesitan mucho cariño y paciencia.
Maldecí en mis adentros a mi amigo Dax, a quien suplía, y por quien me veía comprometido a dar la cara por la empresa en estás situaciones particularmente incómodas para mí.
—Agradezco la invitación y con la pena, tendrá que ser en otra ocasión.
—Entiendo, debe estar usted muy ocupado. Ellos son buenos niños...
Para mí buena suerte, el teléfono sonó, la señorita se disculpó y atendió la llamada y aproveché para culminar de llenar los formularios que unieron Construction Killian con Fundación Sol, una iniciativa que mi socio Evan esperaba que concientizara a nuestros colaboradores acerca de las oportunidades que hemos tenido y de las que podemos dar a otros que han sido desafortunados.
La pluma dejó de pintar y sin otra a la vista, golpeé la punta contra la orilla de la mesa un par de veces.
La calma de aquel momento se desvanece cuando aparece una cuidadora alterada anunciando un sinfín de tragedias que ocurrían en los dormitorios. Fue reprendida con la mirada por la trabajadora social; bajé la vista hacía los documentos para no inmiscuirme en asuntos que no me correspondían, aunque seguí oyendo.
En lugar de erradicar un problema, tapamos el sol con un dedo y lo detesté, nadie merece una vida aislada del cariño de unos padres y la calidez de un hogar. Sin embargo, y a fin de cuentas, no hubo otra cosa mejor que pude hacer en ese entonces que pactar la alianza sin tiempo definido.
Pensando y abrumado por los beneficios del cambio, no percibí el ejército que trotaba dirigiéndose a la recepción. Extraje mi celular del bolsillo para ver la hora y de pronto, volaba por el aire, luego rodó por el suelo y fue sometido a una cantidad de pisotones que pusieron al límite su resistencia.