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Me agradaba la forma en que suspiraba recobrando el aliento antes de dejarse caer sobre las sábanas

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Me agradaba la forma en que suspiraba recobrando el aliento antes de dejarse caer sobre las sábanas. Yo la observaba con detenimiento como si por primera vez la explorará y sus curvas fueran ajenas a mis labios.

Solo unos segundos bastaban para recobrar la energía y volvía a estar a mi disposición, a cualquier cosa que cruzará por mi mente y lo recibía mordiendo sus labios, privandome de bellas exclamaciones de placer. Cada que intentaba soltar sus labios, atrapaba mi pulgar en su boca.

Era traviesa.

—Me vuelves loco.

No pude evitarlo y me rendí otra vez; jamás en mi vida había viajado por el cielo, pero creo que debía sentirse igual a eso.

—¿Tú crees? —se burlaba de mí al tiempo que se colocaba entre mis piernas dispuesta a usar su boca para lo siguiente.

La rutina para nuestros encuentros solía ser la misma, pero lo que ocurría en cada uno nunca se repitió y quiza eso era lo que nos mantenía intrigados por lo nuevo y muy entretenidos sin duda.

Las despedidas eran simples: hasta luego. Ni más ni menos, lo justo.

Aquel día ella me dejó delante de la empresa, donde mi auto había quedado en el olvido en el estacionamiento.

Cruce la recepción saludando a cada presente y me sentí observado fuera de lo común.

No supe por qué hasta qué mi amigo hizo una visita a mi oficina.

—Me he dado cuenta de como tú y mi amiga se manosean —no esperó a que la puerta de la oficina se cerrará para poder expresarse con plena libertad.

—No es como que lo hiciéramos solo debajo de la mesa —obvie.

—¿Pero cuál es el propósito? ¿La invitaste a salir y después todo se salió de control?

Cerré la carpeta sin lograr concentrarme, Nadir no me dejaría tranquilo hasta tener las respuestas que carcomían su cabeza.

—¿Cita? No, no... hemos ido directo al asunto —quise ser muy claro.

Okey, no quiero detalles del asunto —detuvo mi explicación, que no iba a continuar, y se rascó la barbilla pensativo. Dio un par de vueltas por la habitación. Seguirlo con la mirada me mareo.

—¿A qué viene el interés? —indagué sin poder suponerlo yo mismo.

—Pasan bastante tiempo juntos, pero no juntos, ¿entiendes? ¿Eso quiere decir que no hay es serio?

—No. Tranquilo, no le voy a destruir el corazón.

—¿Entonces no hablan de cosas?

—¿Porque hablaríamos de cosas? Para lo que hacemos no necesitamos hablar de cosas.

Mi comentario atrajó su atención y por su seriedad, él se apropio de la mía.

Sus oscuros ojos me miraron ligeramente entrecerrados. Casi me soltaba a carcajadas por su actitud, su semblante misterioso indicaba que varios pensamientos ocupaban su mente al mismo tiempo y eso es algo anormal de su personalidad.

Días nubladosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora