Epílogo III: Me reconocería incluso en otra vida

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Tres años después...

Londres.

Voy a morir. Probablemente este sea mi último día de vida.

El latido del corazón atrapado en la caja torácica que tengo dentro ahoga el sonido de la música y de las voces a mi alrededor. Las plumas negras de la máscara se me adhieren al rostro debido al sudor de la ansiedad mientras me deslizo entre los cuerpos danzantes. Cada paso sincronizado con la voz de Luna que me silba en el oído.

—Izquierda en la columna de mármol. La cámara estará desactivada por cinco segundos. Muévete ahora.

Obedezco, deslizándome entre un grupo conformado por tres hombres vestidos de traje y una mujer que sonríe de forma fingida. Todos llevan joyería de oro y máscaras hechas a la medida.

—Ya estoy aquí —susurro, aferrándome al vidrio de la copa en mi mano.

Luna recibe mi respuesta a través del micrófono con un silencio vacilante.

—Meredith, ¿en serio quieres hacer esto?

—Vamos, necesito que sigas siendo mis ojos.

Suspira a modo de resignación.

—La cámara 12, ubicada en el pie de la escalera, la que barre el lugar cada cuarenta segundos, la desactivaré por tres segundos, así tendrás chance de que subir las escaleras sin ser notada.

Hago como si estuviera bebiendo de la copa al sentir el aroma de whisky del hombre que me roza el hombro cuando pasa a mi lado. Tan pronto lo tengo a una distancia lo bastante segura, vuelvo a hablar en voz baja:

—Indícame cuando debo actuar.

—Cuenta hasta diez y corre a la escalera. Está despejada.

Luna ha sido una bendición. Desde hace tres años para acá nos hemos vuelto muy cercanas. No podré olvidar su cara el día que le dije que quería averiguar el paradero del causante de la muerte de Darek. Fue un poema, primero sonrío, la sonrisa de una amiga cuando le dices algo inimaginable. Luego, al notar la seriedad en mi expresión, el rostro se le fue contrayendo para acabar en un gesto de pura incredulidad.

Sin embargo, la sorprendida terminé siendo yo. Luna es hija de uno de los Marciales de campo más importantes de Londres y desde muy pequeña fue entrenada por él en todo este ámbito militar. Además de ser una hacker profesional capaz de infiltrarse hasta en tu alma si se lo propone. Fue con la influencia de su padre y moviendo algunos hilos que ella consiguió dar con la mayor información de lo ocurrido ese fatal día.

Darek era trasladado junto a otro hombre, un año mayor que él, el cual fue condenado por tráfico de droga y homicidio. Fue a mitad de camino que el furgón fue emboscado por una banda delictiva altamente peligrosa, adentro se accionó una bomba mortal que acabó con la vida de los dos policías custodios y los dos condenados. Del furgón solo quedó el armazón calcinado y retorcido, mientras que de las personas se encontraron pedazos de extremidades y restos irreconocibles. Se concluyó que el atentado fue en contra del preso que acompañaba a Darek, se lo adjudicaron a un problema de drogas que este hombre dejó antes de ser puesto tras las rejas.

Por largas noches he imaginado ese segundo, donde el estruendo fue un relámpago de luz y caos. El aire se volvió cuchillos y el vehículo una jaula de hierro ardiente en el que se apagó la vida del chico que sigo llorando. Por eso necesito este cierre, no importa que este sea un plan suicida.

Doy un fugaz vistazo por el paisaje frente a mí: una fiesta de máscaras a la que no fui invitada, pero en la que logré colarme. He aprendido mucho de Luna y sus talentos. Le pedí entrenarme para este momento y no puedo creer que ha llegado el día de ver a la cara al hombre que ordenó ponerle un punto final al chico que siempre llamaré Gris, incluso aunque ya no esté.

No acercarse a DarekHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora