Nada te hace más humano que...

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Narrado por Darek Steiner: 

Cuando la muerte está acechando la mayoría empieza a cuestionarse sus miserables vidas, qué fue lo que no hicieron, a quién no le pidieron perdón, el porqué fueron ellos los elegidos para sufrir de una u otra manera. Yo no. 

No me he puesto a pensar ni un segundo en mí, mi mente y cada uno de mis pensamientos le han pertenecido a ella: ¿Cómo le evito sufrir por mí? ¿Puedo ocultarle la enfermedad filtrada en mi sangre? ¿Va a llorar? Seguro que sí.

—Darek, probablemente irás perdiendo el pelo una vez empecemos con la quimioterapia, que, aunque sea oral, hará sus efectos.

Mantengo la vista enterrada en un mismo punto.

—Lo entiendo, creo que no tengo que recordarte que hace unos años pasé por todo esto.

El borde de los folios que sostiene entre las manos choca contra la mesa tres veces, produciendo un sonido que me lanza a apretar los dientes.

—Podemos empezar el tratamiento completo ahora mismo si así lo deseas.

Por lo que dijo el hombre que tengo enfrente, esta leucemia no es tan agresiva como la primera. Por esa razón esta vez ha preferido irse por la quimioterapia oral, él piensa que por alguna razón es lo mejor. También me ha dejado claro que necesitaré un trasplante de células madres y quizás otros muchos tratamientos de los que todavía no ha hablado. Aunque eso no es lo más importante, los términos médicos siempre me han aburrido terriblemente, tampoco me interesa saber lo que me espera.

Me reclino en la silla y es aquí que lo miro directo a los ojos.

—Aún no, en la tarde tengo un compromiso por cumplir. Luego de eso si quiere puede torturarme hasta llevarme a la muerte. —Curvo los labios con una media sonrisa y él parece incómodo.

—Es tu vida la que está en riesgo. ¿Qué compromiso es más importante que tu vida?

—Iré con ella al cine.

Asoma los ojos por encima de sus gafas.

—¿ir al cine? —cuestiona mientras la duda se manifiesta por cada línea de su rostro.

Que lo diga me hace apretar los labios para evitar ser movido por la sonrisa más tonta de la historia.

—Sí, Julián, voy a ir al cine con ella porque quiere ver Enredados. No quiero pensar en nada más que en hacerla feliz.

Hace un esfuerzo sobrehumano para contener la mueca burlona que al final se escabulle entre los pliegues de sus comisuras.

—Mi hija me hizo ir al cine cuando se estrenó —. Parece hacerse consciente de lo que he dicho y casi junta las cejas —espera, ¿cómo es qué la llevarás al cine a verla?

Aprieto una mano en mi rodilla antes de ponerme de pie.

—Solo debes saber que cumpliré cualquier cosa que a ella la haga feliz. —Hago una pequeña reverencia —. Ahora me voy.

Estoy listo para darme media vuelta y salir de su consultorio cuando su voz se entremete en mi sistema auditivo y me abofetea con una dolorosa realidad:

—Darek, no podrás mantener oculta tu enfermedad de ella. La vez pasada nadie supo de tu enfermedad porque decidiste alejarte de todos y llevar tu tratamiento fuera del pueblo, pero ahora...

«...Ella está muy cerca»

—Lo sé —lo interrumpo con la tensión escalando por mi espalda —lo sé...

Enseguida detecta lo mucho que me afecta tocar este tema, así que opta por asentir.

—Ojalá sepas llevar todo esto.

Levanto la barbilla como si el pecho no se me estuviera oprimido, porque sí, nada te hace más humano que estar enamorado y eso lo he entendido gracias a ella. Estoy jodidamente enamorado de la chica de ojos negros semejante a una bonita noche estrellada y sonrisa radiante como un día soleado de primavera.

—Ojalá.

Con esto dicho salgo del consultorio.

Durante la caminata que hago fuera del hospital voy pensando en lo que mi psiquiatra me ha dicho más de una vez. Él dice que mi mente es tan brillante que podría memorizar un libro entero si lo leo tres veces, que tengo la capacidad mental de sacar las mejores ideas de los peores escenarios y que si me concentro un par de minutos sacaría adelante un imperio entero. ¡Qué imbécil! Si me viera ahora, sin poder siquiera imaginarme expresándole a ella que en unos días comenzaré a luchar una batalla de la que no la quiero hacer partícipe.

Entonces, los pies me dejan de funcionar, frenándose uno al lado del otro y veo todo con una claridad asfixiante.

La mano me tiembla cuando la meto en el bolsillo de mi pantalón y saco el móvil. Como puedo tecleo justo lo que estoy pensando. Tan pronto termino de escribir repaso lo que no soy capaz de expresarle:

«Si eso de la reencarnación es cierto, prometo buscarte en la próxima vida, ahí también vas a ser el amor de mi vida»

No acercarse a DarekDonde viven las historias. Descúbrelo ahora