—El artículo publicado en el periódico escolar —atina a decir Harold. Las facciones de su rostro deja a entrever la excitación que le produce tratar de descifrar lo que en meses no hemos conseguido resolver. —Tuvo que ser publicado por algún estudiante, ¿cierto? Eso quiere decir que el que manda las cartas es un estudiante —él mismo se hace la pregunta y se la contesta.
Joel, ubicado dos puestos apartado de él, se rasca la nuca.
—También pudo hacer que alguno de nosotros lo publicara.
—¿Qué estás queriendo decir, Joelcito? ¿Te lo pidió a ti? —pregunta Rebeca, despegando los ojos de su almuerzo para encajarlos en el chico de lentes.
Su respuesta es sacudir la cabeza, mas Noemí interviene antes de que logre pronunciar palabra.
—¿Alguien de aquí recibió una carta en la que le pudieran publicar ese artículo?
Pese al bullicio a nuestro alrededor, donde voces demasiado altas chocan contra las paredes, sillas arañan el suelo cada vez que alguien se levanta y el tintinear de los cubiertos impactando en los platos suena a martillazos; el grupo hace silencio y nos comunicamos con miradas por lo que creo son seis segundos.
Finalmente, Abril, sentada frente a mí, se aclara la garganta.
—No estamos todos, falta Isaac, Rachel y Darek. No podemos saber si ellos recibieron o no una nueva carta...
—Eso no importa —insiste Nohemí, barriendo la mesa en la que estamos sentados con la mirada y haciendo un ademán con la mano para callar a Abril. —Respondan. ¿Recibieron una carta en la que le pidieran publicar ese artículo?
—Yo no —responde Harold.
La mayoría le da la misma respuesta, ya sea con simples negaciones de cabezas o con un corto «no». Cuando Logan, el último en contestar, hace un gesto negativo, Nohemí desinfla los pulmones y casi pone los ojos en blanco.
Roxana empuja la bandeja de su almuerzo hasta que ella queda en el centro.
—Eso ya no importa. Ahora lo que tenemos que averiguar es lo del bosque —dice para luego pasarse una servilleta por las esquinas de sus labios. Una vez usada, la arroja dentro de la bandeja y acomoda los codos encima de la mesa, así agrega: —¿Qué han averiguado ustedes?
La verdad es que no mucho. La última semana he estado atenta al casillero, la puerta de la casa, el buzón y cualquier rincón donde pueda esconderse una nueva carta, pero nada, durante una semana ninguno ha recibido nada. Por una parte, eso me hace sentir aliviada, aunque es de admitir que tengo encajado entre pecho y espalda el aguijón de que esto no ha terminado, no del todo.
Al advertir el enmudecimiento que de repente nos posee a todos, Raquel arroja un bostezo, el cual sofoca con la palma de la mano.
—¡Ay, ya! —aúlla al término del bostezo, los ojos se le ponen llorosos y no tarda en pararse. Colgándose la mochila al hombro, sonríe de oreja a oreja —Celebremos que no hemos recibido más cartas y ya, son demasiado intensos.
La mirada de Abril se enfoca en mí, quizás queriendo saber si pienso igual a Raquel, espero que el verme apretar los dientes en el labio inferior le deje claro la respuesta.
—¿Crees que se acabó? —inquiero, fijando la vista en Raquel.
Finge analizar su respuesta, después se encoge de hombros.
—No lo sé, pero elijo pensar que sí.
Pesca el vaso de jugo apoyado a un lado de su bandeja y así aparta su silla y se aleja del resto del grupo. Una vez está en medio del comedor, alza una mano y la agita a modo de despedida.
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No acercarse a Darek
Fiksi RemajaMeredith desde que tiene uso de razón, conoce la existencia de Darek Steiner, aunque ha estipulado una regla bien marcada en su vida: NO ACERCARSE A DAREK. Darek, por su parte, no tiene idea de quién es Meredith, pero..., ¿qué ocurriría si por un j...
