El tiempo ya no era una línea que avanzaba, sino un círculo de soga que se estrechaba alrededor del cuello. El viernes por la noche había caído sobre Seúl con una llovizna sucia que se pegaba a los vidrios del bar subterráneo, un sótano tibio que olía a madera empapada, tabaco rancio y al alcohol barato que la barra despachaba sin pausa. En ese rincón, lejos de las luces de neón de la avenida, el estancamiento de la búsqueda había terminado por pudrirse, transformándose en una fijeza morbosa. La brizna de esperanza que Mapo les había devuelto hacía cuarenta y ocho horas se había disuelto en los registros mudos de otras tres pensiones idénticas. Nada. El ovillo no tenía punta; solo era un nudo ciego de hilos rotos.
Jungkook sostenía el vaso de whisky entre las manos, sintiendo la condensación helada del cristal humedecerle las yemas de los dedos hasta entumecerlas. El hielo flotaba en el líquido ámbar, chocando contra las paredes con un tintineo mínimo, rítmico, que parecía medir las pocas horas que le quedaban antes de tener que arrastrar un cadáver matrimonial frente a sus padres.
Namjoon estaba sentado enfrente, con el abrigo oscuro aún puesto y los hombros caídos bajo el peso de un cansancio que ya parecía anatómico. Tenía los ojos fijos en una mancha de humedad de la mesa de madera.
-No hay más nada , Jungkook -dijo el abogado. Su voz llegó despojada de su habitual dureza, reducida a un murmullo plano, casi clínico-. Revisé los rincones más remitos de esta ciudad y no alle nada , si tuviéramos más tiempo , quizás podríamos buscar en otros estados .solo debes aceptar que No hay un solo rastro concreto.
Jungkook no movió un músculo. Tomó un trago corto. El alcohol le quemó la garganta, pero no logró disipar el frío que se le había instalado en la boca del estómago desde que entró al bar.
-Tiene que estar -articuló, y su propia voz le sonó como un eco ajeno, una mentira mal ensayada.
Hoseok, que hasta ese momento había permanecido recostado contra el respaldo del sillón de cuero gastado, observando el humo que subía de un cenicero vecino, dejó escapar un suspiro espontáneo. No había ironía en sus ojos esta vez; la ligereza de sastre se había evaporado con la tercera ronda de tragos.
-El tiempo se terminó, Kook -dijo Hoseok, estirando la mano para tocar el borde del vaso de su primo-. Quedan dos días. El domingo tu padre espera ver a Jimin entrar por la puerta de la casa familiar para la cena . Y no tenemos nada que poner en esa silla.
El silencio volvió a instalarse en la mesa, denso como el aire viciado del sótano. El camarero pasó de largo, dejando sobre la barra el sonido sordo de los platos limpios.
Namjoon apoyó los antebrazos sobre la mesa, inclinándose hacia adelante. El olor a llovizna de su ropa invadió el espacio sagrado del dolor de Jungkook.
-Tenemos que pensar en el peor escenario -sentenció el abogado, clavando sus pupilas inyectadas en sangre en el heredero-.El domingo por la mañana el viejo Jeon va a exigir respuestas. Si seguimos dándole largas , la caída va a ser total. Hay que empezar a preparar el funeral.
-No te estoy diciendo que esté muerto. Te estoy diciendo que ya no sé dónde buscar.
-no hablo de Minnie -dijo Hoseok
-¿Entonces de quién?
-Todavía no lo sé -dijo Hoseok-. Del viejo Jeon cuando le explote el corazón o de el cuando su padre termine de gritar luego de que se dé cuenta de que le viste la cara por las de un año .
Jungkook levantó la vista de golpe. La palabra funeral le golpeó el pecho con la fuerza de un impacto físico.
-Mi padre está esperando un yerno y nietos -dijo Jungkook, con los dientes apretados-. Si voy solo...
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
