El trayecto hasta la casa de Seokjin no fue un viaje; fue una disolución.
Jungkook no recordaba haber encendido el motor ni haber atravesado los semáforos intermitentes de la avenida desierta. Solo registraba el aire helado entrando como agujas por sus fosas nasales y la dureza del bolsillo de su abrigo, donde el pequeño sobre plástico con el hisopo estéril y el frasco hermético de muestra se presionaban contra sus costillas a cada tumbo del vehículo. Dolían ahí, como un fragmento de vidrio clavado debajo de la piel.
Durante los últimos tres días, la memoria se le había convertido en una trampa circular. Volvía compulsivamente a los mismos años, a las mismas palabras, buscando la grieta inicial: el tono exacto de una risa de Jimin, un silencio demasiado largo en mitad de la noche, la docilidad calculada con la que le entregaba las tazas de té. Buscaba el instante preciso en que la mentira había dejado de ser un hilvanado invisible para convertirse en la casa entera que habitaban. Se convencía de que si lograban aislar el primer engaño, quizás el tiempo devolvería su cauce. Pero la memoria no reparaba nada; solo pulía los bordes de la herida.
Al apagar el motor frente a la residencia de Seokjin, el silencio de la madrugada le cayó encima con un peso físico. La casa parecía más pequeña entre la bruma, envuelta en el tufo húmedo del césped mojado y las hojas de ciprés rotas por el viento.
Jungkook bajó. Sentía las rodillas rígidas, la garganta seca como si hubiera tragado ceniza. Sus dedos, entumecidos por el frío, tardaron en apretar el sobre plástico dentro del abrigo antes de golpear la madera de la puerta.
Escuchó la fricción áspera de unas pantuflas sobre el suelo de piedra. La puerta se abrió apenas tres dedos, dejando ver una franja de luz tenue y la silueta desordenada de Seokjin. Llevaba el cabello revuelto sobre la frente, una camiseta gris gastada y los ojos entrecerrados, pesados por el sueño.
-Jungkook... -raspó Seokjin, con la voz tomada por la inactividad-. Son las cuatro de la mañana.
Jungkook no respondió con palabras. Sacó la mano del bolsillo y sostuvo el envoltorio transparente a la altura de la luz.
Seokjin fijó la mirada en los recipientes: el tubo estéril con la saliva de Han y el pequeño recipiente que contenía la otra prueba, la de la propia naturaleza violada de Jungkook. La expresión de Fastidio en el rostro de Jin no se borró de golpe; se descompuso despacio, como si la realidad fuera filtrándose lentamente por su piel hasta derribar la somnolencia.
A Seokjin se le humedecieron los párpados en un destello mínimo, una película de agua que reflejó la luz amarilla del vestíbulo. Un suspiro tembloroso le escapó del pecho, cargado de una piedad amarga que a Jungkook le dolió en el estómago.
-Maldita sea... -murmuró Jin, abriendo la puerta del todo-. Entra.
La cocina olía a café pasado, a humedad guardada y al perfume denso del jabón de manos. Seokjin encendió una lámpara pequeña sobre la mesada. La luz cobriza expuso la palidez cetrina de Jungkook: las sombras violetas debajo de los ojos, la línea dura y seca de sus labios, la rigidez involuntaria de sus hombros.
-Sabes cómo funciona esto -dijo Seokjin, sirviendo un vaso de agua con manos que intentaba mantener firmes-. Para una prueba de paternidad de alta precisión y un panel hormonal completo en el laboratorio central... tardarán cuatro semanas. Es el protocolo estándar.
-No tengo cuatro semanas -dijo Jungkook. La frase le salió del tórax, un sonido rasposo, urgente, sin matices.
Seokjin apoyó el cristal sobre la piedra fría.
-Jungkook
-No puedo pasar treinta días sentado en esa mesa, mirándolo comer, escuchándolo hablar de la casa, actuando como si el aire no sucediera nada -los dedos de Jungkook apretaron el plástico con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos-. No puedo mirarlo a la cara y preguntarme cada segundo qué parte de nuestra vida fue real y qué parte fue un teatro para tenerme atrapado.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
