Namjoon observó los pedazos de papel dispersos sobre el asfalto húmedo, pero no se inclinó a recogerlos otra vez. Su mente, habituada a la fría arquitectura de los números, ya estaba recalculando el escenario.
-Puede que sea cierto, pero también puede que no -sentenció el abogado, cruzando los brazos sobre el abrigo húmedo-. Y la lógica nos dicta que no podemos irrumpir en la residencia de tus padres a las cuatro de la madrugada solo porque Seokjin tuvo un segundo de lucidez. Necesitamos certezas.
Hoseok soltó un suspiro cargado de hastío, apoyando la espalda contra la chapa fría del sedán. El olor a gasolina y asfalto mojado se mezclaba con el cansancio que ya les entumecía los hombros.
-Estamos exactamente como al principio -gruñó Hoseok, mirando sus zapatos italianos arruinados por el lodo de la acera.
-No del todo -intervino Jin.
La pantalla de su teléfono móvil se encendió, proyectando una luz azulada y fantasmal sobre sus facciones perfectas. Sus dedos se movían con una velocidad perezosa sobre el teclado, enviando un mensaje de WhatsApp.
Jungkook lo miró, con el pulso latiéndole en la base del cuello, la paciencia reducida a cenizas.
-¿Estás jugando, Seokjin?
-Nunca juego con mis horas de sueño, Jungkook -respondió Jin sin levantar la vista del dispositivo-. Si tenemos suerte, el antiguo director del banco donde se emiten todas las tarjetas de la corporación Jeon todavía conserva cierto... interés en mí. Podríamos conseguir los resúmenes de cuenta antes de lo previsto.
Jungkook dejó escapar una risa amarga, un sonido seco que le raspó la garganta. Sacó un cigarrillo del estuche de plata y lo encendió; el golpe de nicotina caliente le trajo un alivio momentáneo, áspero.
-¿Y qué haríamos con eso? -escupió Jungkook, expulsando el humo gris hacia la penumbra de la calle-. ¿Averiguar cuánto dinero me ha robado este último año? ¿Confirmar que me convertí en su maldito inversor de fondo?
-No se trata del dinero -lo cortó Namjoon, con una fijeza profesional que no admitía réplicas-. Un resumen de cuenta se desvía de forma automática a la casa de tus padres por los registros de Londres. El otro duplicado, si Park Jimin ha conservado algo de esa dignidad que tanto defendía, debería llegar impreso a su domicilio real. Al lugar donde vive ahora.
Hoseok enderezó la espalda, entornando los ojos con una mueca de absoluto escepticismo.
-¿Y tú de verdad crees que Jimin se perdería la oportunidad de desfalcar las cuentas de Jungkook después de cómo terminaron las cosas? -preguntó Hoseok-. Un plástico sin límite de gasto es una tentación demasiado alta para cualquiera que viva en un monoblock.
-Tendremos que averiguarlo -concluyó Namjoon.
Jungkook apretó el filtro del cigarrillo entre los dedos, sintiendo el calor de la ceniza peligrosamente cerca de la piel. El pánico, sordo y pesado, comenzó a desplazar a la rabia en su estómago.
-Es una idea genial, Namjoon. Maravillosa -dijo Jungkook, y su voz bajó un octavo, cargada de una urgencia sombría-. Solo hay un pequeño detalle. Es viernes de madrugada. Hasta el lunes no tendrás ninguno de esos informes sobre tu escritorio, y el domingo por la noche tengo que sentar al idiota de mi esposo en la mesa de mi padre. No tengo tres días. No tengo tiempo.
-Ex -corrigió Jin.
El silencio volvió a instalarse en la calle periférica, denso y repentino. Los tres hombres de traje se giraron hacia él de golpe.
-¿Qué? -articuló Jungkook, con la brasa del cigarrillo temblando entre sus dedos.
Jin dio un paso al frente. Con un movimiento fluido y desprovisto de cualquier timidez, le quitó el cigarrillo de la mano a Jungkook. Lo arrojó al suelo húmedo y lo pisó con la suela de su zapato de diseñador, extinguiendo la última fuente de luz entre ambos.
ESTÁS LEYENDO
La Cita (Finalizado)
Fiksi PenggemarJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
