El peso del maletín de cuero parecía haber duplicado su volumen durante el trayecto, tirando de su hombro como un lastre físico que arrastraba el cansancio de un día interminable. Al cruzar el umbral, la penumbra del pasillo lo envolvió con su habitual olor a madera cerrada y encierro. Jungkook giró levemente la cabeza y un latigazo de dolor sordo le recorrió la nuca; el cuello rígido y almidonado de la camisa rozaba implacable contra la piel irritada, reabriendo el recuerdo físico de la marca que Jimin le había dejado la noche anterior. Era un estigma ardiente, un intento desesperado de posesión a través de los dientes que todavía le escocía bajo la tela.
Fue en mitad de ese silencio donde divisó la silueta de Taehyung, recortada por el fulgor azul e irreal de la pantalla de un teléfono. Jungkook no pidió permiso. Su mano, aún impregnada por el frío glacial de la calle, se cerró sobre el armazón de vidrio y metal, interrumpiendo la conexión con un tirón seco y absoluto.
-Contesta después -gruñó Jungkook. Su voz, pastosa y gastada, rasgó la quietud del corredor con la aspereza de una lija.
-Me das mi teléfono -jadeó Taehyung. El aire se le escapó en un suspiro entrecortado mientras sus manos quedaban suspendidas en el aire, vacías, retorciéndose por la súbita pérdida.
-Claro -devolvió el mayor. Un sonido ronco, denso y desprovisto de cualquier calidez, brotó de su garganta mientras deslizaba el aparato ajeno en el bolsillo de su propio abrigo, anulando cualquier intento de réplica.
Taehyung lo observó horrorizado, con las pupilas dilatadas en la penumbra, incapaz de emitir un solo sonido que justificara el secretismo de esa llamada interrumpida. La gravedad del espacio pareció colapsar entre los dos, hasta que el asistente, atrapado en la flagrancia de su culpa, intentó levantar una fachada de torpe normalidad. Forzó una de esas sonrisas ensayadas que utilizaba para amortiguar las crisis y aventuró el saludo en un tono demasiado agudo:
-Hola, Kook.
Jungkook no le regaló el alivio de una mirada mansa. Lo sostuvo bajo el peso de sus ojos oscuros, fijos y cansados, midiendo la rigidez artificial que le congelaba los hombros al más joven.
-Hola, Taehyung -murmuró entre dientes, arrastrando las sílabas con un cinismo contenido que helaba la sangre.
Antes de que la tensión terminara de quebrar el aire, el rumor sordo que provenía de la sala contigua captó la atención de ambos. Era el murmullo repetitivo y brillante de las caricaturas de la televisión, un sonido absurdamente alegre que se filtraba por el marco de la puerta. Allí, ajeno a la arquitectura de mentiras que los adultos tejían a su alrededor, el pequeño Han se encontraba sentado, mirando la pantalla con una concentración tan profunda que parecía blindarlo contra la miseria del hogar.
Jungkook giró sobre sus talones, abandonando la opresión del pasillo para entrar en la sala, donde la lámpara principal arrojaba una luz amarilla, mortecina y polvorienta. Se acercó al sofá con paso lento. Sus dedos, entumecidos por el invierno exterior, buscaron el contacto con la realidad y se hundieron en los cabellos finos y templados del más pequeño. La textura suave y limpia del pelo del niño funcionó como un ancla efímera en medio del desastre.
-¿Su madre? -preguntó Jungkook, manteniendo la mano quieta sobre la cabeza del niño, sin apartar la vista de su inocencia concentrada.
Taehyung lo siguió hasta la luz del salón, deteniéndose a una distancia prudencial. Hizo un pequeño puchero con los labios, un gesto infantil que delataba la fragilidad de su estrategia.
-Está en su alcoba, creo que duerme.
La mentira flotó en el ambiente con el peso de un objeto sin valor. Jungkook detuvo el movimiento de sus dedos en el cabello de Han. Se enderezó despacio, cruzándose de brazos sobre el pecho, permitiendo que el abrigo húmedo exhalara el aroma amargo de la llovizna que traía pegada. Miró a Taehyung con una fijeza peligrosa, desnudando la torpeza de su evasiva.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
