recolección

232 30 3
                                        

El cristal frío del teléfono celular se pegó a su oreja con la fuerza de un veredicto. Jungkook presionó el botón de aceptar, conteniendo el aire, mientras sus ojos seguían fijos en la silueta difusa de Jimin que se movía tras el vidrio esmerilado de la puerta de la cocina. Del otro lado de la línea, la voz de Seokjin irrumpió sin preámbulos, nítida y desprovista de cualquier empatía protocolar, arrastrando el eco metálico de los pasillos de un hospital.

-¿Es que no puedes dejarme tranquilo ni en mis propios laboratorios, Jeon? -soltó el médico, y Jungkook pudo imaginarlo perfectamente al otro lado de la ciudad, quitándose los guantes de látex con un chasquido seco.

Jungkook frunció el ceño, con la garganta todavía impregnada por el resabio amargo del beso de Jimin.

-Tú eres el que me está llamando, Seokjin -siseó en un susurro apenas audible, dando un paso hacia la penumbra del perchero para alejarse del área de la cocina.

-Estoy en Seúl, quiero verte -susurró, curvando sus labios en una fina línea y soltando el aire por la nariz.

-te tengo una gran noticia,acabo de llegar a casa no eh tenido una gran semana seokjin y tú no me has dado nada sobre los estudios que te envié -dijo la voz metálica,

-Detalles irrelevantes. Tu caso me persigue como una mala conciencia -Seokjin dejó escapar un suspiro de fatiga, pero su tono cambió de inmediato, adoptando una ligereza afilada, casi lúdica

-¿Qué quieres decir? -hizo una mueca de desagrado.

-. Necesito un poco de tu esperma.

El pulso de Jungkook dio un vuelco violento. Sintió una repentina oleada de calor ascender por su cuello, una contracción muscular tan brusca que casi le hace perder el agarre del aparato.

-¿Qué? -articuló, sordo.

-Lo que oíste. No me hagas repetirlo

-¡Seokjin! -Jungkook apretó los dientes, sintiendo el sudor frío brotar en la palma de su mano. Miró instintivamente hacia el pasillo, temiendo que el menor hubiera escuchado el eco de la voz del médico-. Modera tu vocabulario Lo siento... es solo... solo -bulbucía el moreno

- Kookie...-la voz del cirujano recuperó su rigor clínico, implacable-. Estuve consultando con un par de especialistas de vanguardia durante mi estancia en el extranjero. Revisamos tus gráficos y, para ser claros, necesito enviar una muestra fresca a los laboratorios Debo realizar un conteo de espermatozoides para comprarlo con tu historial de los últimos tres años. Es la única forma de saber si ese bloqueo tuyo es definitivo o si queda algún margen de maniobra.

Jungkook se apoyó contra la pared de madera maciza, sintiendo el peso muerto de su propio cuerpo. La farsa doméstica de la cena, las infusiones ancestrales de Jimin y las promesas de un futuro de tres se reducían a eso: un análisis de fluidos en un tubo de ensayo frío.

-Está bien -cedió Jungkook, cerrando los ojos para aplacar la punzada tras sus sienes-. Mañana temprano iré a la clínica.

-No, Jeon. No me entendiste -el tono de Seokjin se volvió una línea recta, gélida y categórica-. No mañana. Hoy.

El plástico frío del teléfono amenazaba con resbalar de su palma, húmeda por un sudor repentino y traicionero. Presionó el aparato contra la oreja con tanta fuerza que el cartílago le dolió, mientras la mirada se le extraviaba en el relieve del empapelado del pasillo. Tenía el pecho oprimido, atravesado por un aire denso que se negaba a descender hasta los pulmones.

-¿Puedo... puedo volver a llamarte por teléfono? -articuló Jungkook en un murmullo roto, tragándose la vergüenza que amenazaba con paralizarlo y dejando que un temblor involuntario le traicionara la voz.
Del otro lado de la línea, la pausa de Seokjin fue helada, puntuada solo por el chasquido sordo de una carpeta médica al cerrarse.

La Cita (Finalizado) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora