Una semana después, la tregua ya no era un milagro suspendido; se había convertido en la discreta arquitectura de la casa.
Después de la cena, la mansión retuvo ese calor inédito, como si las paredes de piedra hubieran aprendido, de pronto, a cobijar. Jimin y Taehyung permanezcan en la cocina, ignorando la distancia prudencial de los empleados. Había un efecto analgésico en el fluir del agua tibia sobre los dedos y en el tintineo sordo de la loza; una normalidad doméstica que Jimin saboreaba en la boca como un lujo clandestino, un sabor dulce que temía olvidar al pasar la lengua por sus dientes.
-Ve a descansar, Minnie -le pidió Taehyung, retirando con una suavidad firme el paño húmedo de sus manos-. Estás agotado y el pequeño también necesita el silencio para dormir. Yo me encargaré del resto.
Jimin asintió, regalándole una sonrisa descolorida por el cansancio, y se adentró en la penumbra del pasillo que conducía a las escaleras. Al aproximarse al despacho, el chasquido de la cerradura cortó el aire. La puerta se abrió y Jungkook emergió del umbral. Conservaba la camisa del traje de tres piezas, pero el cuello desabrochado y la ausencia de la corbata revelaban una fatiga gris, el peso de una jornada que parecía no tener fin.
Ambos se detuvieron en seco. El corredor, habitualmente monumental y frío, se contrajo de repente hasta volverse un espacio asfixiante, demasiado estrecho para los dos.
-Jimin, yo quería... -comenzó Jungkook, dando un paso que recortó la distancia. Su voz carecía de la habitual vibración de mando; era un rumor bajo, casi rústico.
-¿Sí? -susurró Jimin. Sus ojos fijos en él quemaban, registrando la sombra de la barba y la curva derrotada de sus hombros.
Jungkook lo contempló en silencio. Sus pupilas recorrieron las facciones de Jimin, deteniéndose en ese brillo tibio y limpio que la cena le había dejado en el rostro. Daba la impresión de estar buscando palabras que no existían en su vocabulario de negocios, un concepto que no lograba encajar en la geometría de esa noche. Se miraron mucho más de lo que la cortesía exigía; el aire vibraba con el peso de los nombres que no se atrevían a pronunciar.
-Jimin... -insistió Jungkook, y luego expulsó el aire en un suspiro tardío-. Mañana podrías regresar a tu trabajo. Salir de la casa. Creo que te vendría bien el aire.
Jimin ladeó la cabeza, una contracción de duda en las cejas. No era esa concesión de libertad lo que esperaba escuchar detrás de tanta gravedad, pero no retrocedió un solo palmo.
-Está bien -respondió con suavidad, el pulso acelerándosele apenas-. Mañana iré.
Jungkook asintió con una rigidez mineral, como si esa aceptación cerrara una puerta que no había sabido cómo abrir. Se giró sobre sus talones y se recluyó en su alcoba sin añadir una sola sílaba. Jimin permaneció inmóvil unos segundos, la vista fija en la madera clausurada. Había algo suspendido entre los dos, una frase rota que no había encontrado el suelo donde caer.
Entró a su habitación midiendo la gravedad de sus pasos. Al sentarse en el borde del colchón, una agitación levísima, un roce rítmico y tibio bajo la piel del abdomen, lo obligó a contener el aliento. El bebé comenzaba a desperezarse en su vientre, ajeno a las corrientes subterráneas de los adultos. Jimin ahuecó la palma de la mano sobre su vientre, cerrando los ojos para fundirse con ese movimiento.
La noche no cayó sobre la mansión; se filtró en ella como un tizne lento, ocupando las esquinas y enfriando el mármol que los criados limpiaban con un celo mecánico. En la habitación del niño, sin embargo, el aire conservaba una densidad distinta, un calor menudo y espeso que olía a lana lavada y al rastro dulce de la manzanilla.
Jimin permanecía sentado al borde de la cuna. Su cuerpo, fatigado por el peso de los meses y la vigilia, se mecía en un vaivén casi imperceptible, una cadencia rítmica que buscaba acompasarse con la respiración de Han. De su garganta brotaba un arrullo tenue, una línea de música vieja y desprovista de palabras que repetía una y otra vez, como si el sonido pudiera tejer una red invisible alrededor del mimbre para protegerlo del invierno exterior.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
