El invernadero exhalaba un vaho espeso, una humedad que se adhería a la piel como una segunda capa de sudor. Jimin se secó el rostro con el antebrazo, dejando un rastro de tierra húmeda sobre la mejilla, y se quedó estático, con el pecho subiendo y bajando al ritmo de un fuelle averiado. El aire, cargado de esporas y fertilizante, pesaba más que sus propios huesos; el cansancio no era un estado, sino una geología, una acumulación de estratos de fatiga.
-Cariño, ven a almorzar. Te preparé algo -la voz de Taehyung brotó del umbral, una nota demasiado clara en la penumbra del invernadero.
Jimin arrastró los pies. La tierra cedía bajo sus suelas con un crujido seco. Cada movimiento era una negociación con la gravedad. Al cruzar el marco de la puerta, el aire acondicionado de la mansión lo golpeó como una hoja de afeitar; un frío seco, industrial, que le erizó el vello de los brazos y le obligó a encogerse.
Sobre la isla de mármol, el despliegue era un altar a la opulencia de Jungkook. El aroma del Galbi-jjim saturaba el espacio: un dulzor denso, casi embriagador, que prometía la profundidad de las costillas braseadas y la suavidad terrosa de los rábanos. El brillo de la grasa en el recipiente era un espejo de una vida que Jimin había habitado con la ligereza de una sombra.
-Tae... -murmuró Jimin, apoyando las manos en la piedra fría. El mármol le succionó el calor de las palmas. Sus dedos, con las uñas oscurecidas por la tierra y la piel rozada por el trabajo, parecían una anomalía en aquel santuario de acero y cristal-. ¿Vas a enviar eso a la empresa?
-Sí -respondió Taehyung sin mirarlo, cerrando una de las cajas-. Sabes que el señor Jeon no toca la comida de los restaurantes si puede evitarlo. El chófer está por llegar para recogerlo.
Jimin no se movió. Su propio reflejo en el acero de la nevera le devolvió una imagen ajena: el overol cargado de lodo, la mancha de polvo en el blanco de la tela, el rostro marcado por un sol que no le pertenecía.
-.sabes que es curioso?-.murmuri Kim
-.que?-.Aguardó a que Taehyung se diera la vuelta para buscar el teléfono
-.en diez años nunca lograste embarazarte y mira ahora -. tomó un contenedor de plástico básico del gabinete, lo llenó con una porción generosa de las costillas y el arroz humeante, y lo cerró con un chasquido seco.
El sonido del plástico al sellarse, un click agudo, perforó el silencio. Jimin sintió una contracción en la base de la nuca.
-.creo que el destino no quería que otra vida viniera a esta casa a sufrir-.respondió Jimin, su voz sonando hueca, distorsionada por el vidrio que los separaba del mundo.
-Entonces el destino tiene un sentido del humor retorcido -Taehyung dejó de podar una orquídea. Su mirada, fija en Jimin, no era compasión; era un cálculo frío-. ¿O es que el destino quería que Han naciera en la miseria? Porque no has estádo viviendo como un príncipe . ¿Qué sucedió con el dinero que te dejó jungkook?
El aire en la cocina se volvió viciado, comprimido. Jimin buscó apoyo en el borde del mármol. El recuerdo le subió por la garganta como una bilis ácida: Wall Street, el eco de una voz extranjera que prometía duplicar lo imposible, la textura de unos documentos que se desvanecieron en el aire, la sensación de estar cayendo sin que nadie extendiera la mano.
-Lo prometo -dijo Taehyung, bajando la voz. Había sellado el trato con la ligereza de un verdugo-. Habla.
Jimin miró hacia la cuna de hierro que custodiaba el rincón. El metal negro parecía absorber la luz.
-Apenas me separé... -comenzó, y las palabras le quemaban la garganta-. apareció. Un hombre... tenía una forma de hablar era tan distinto a jungkook lo ame apenas lo conocí .el era extranjero de walls treed el sabía del negocio principal prometió dobla mi pequeña fortuna Invertí todo. Luego el.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
