La mañana se desplomó sobre la mansión, filtrando una luz pálida que estiraba las sombras por el pasillo. El eco de los pasos de Taehyung anunció su retorno mucho antes de que cruzara el umbral de la alcoba. Entró arrastrando el rumor crujiente de las fundas de satén negro y las bolsas de papel de alto gramaje, impregnadas con ese aroma exclusivo de las tiendas de la avenida Cheongdam-dong: una mezcla de cuero nuevo, seda tratada y maderas nobles.
Detrás de él, un hombre de ademanes asépticos y mirada clínica cargaba un maletín de cuero rígido. El estilista desprendía un olor penetrante a laca sintética y fijadores caros, una fragancia artificial que de inmediato le revolvió el estómago a Jimin.
El menor permanecía sentado frente al tocador de tres lunas. El triple espejo le devolvía su propia imagen multiplicada, un tríptico de su decadencia: los hombros caídos, las ojeras como sutiles hematomas morados bajo las pestañas y ese cabello rubio, largo y desordenado, interrumpido por los mechones rosas que Changbin había teñido con paciencia en el piletón de la cafetería.
El estilista ni siquiera saludó. Con una familiaridad profesional que rayaba en la insolencia, hundió sus dedos largos y fríos en la cabellera de Jimin. Tiró de los mechones hacia arriba, evaluando la textura con un chasquido de la lengua despectivo. El hombre abrió su maletín; el sonido metálico y afilado de las tijeras al salir de su estuche provocó que Jimin contrajera los dedos sobre el regazo, clavándose las uñas en las palmas hasta sentir un dolor sordo.
El frío de la hoja de metal rozó la base de su oreja. Jimin cerró los ojos, interrumpiendo su respiración. Un espasmo involuntario le tensó la mandíbula; esperó el primer corte, el desojo definitivo de la última frontera de su identidad.
—Guarde eso —la voz de Taehyung irrumpió en la habitación, desprovista de su habitual calidez administrativa. Sonó baja, cortante, modelada por una autoridad que rara vez desplegaba.
El estilista detuvo el movimiento de la mano, dejando las tijeras suspendidas a milímetros de la piel de Jimin. Parpadeó, girando el rostro hacia Kim con una mueca de incredulidad.
—El señor Jeon fue sumamente explícito en sus instrucciones —replicó el peluquero, entornando los ojos—. Exigió un corte riguroso. Eliminar el largo, suprimir los tonos de fantasía. El aspecto debe ser corporativo para la cena familiar.
Taehyung dio un paso al frente. Sus zapatos no hicieron ruido sobre la alfombra, pero su presencia pareció ocupar todo el espacio entre el espejo y la ventana. Observó a Jimin a través del reflejo: la palidez de su cuello, el temblor imperceptible de sus hombros, la sumisión trágica de quien ya no espera ser defendido. Taehyung recordó el caldo hirviendo en la cocina, la evocación rota del niño ausente, y la certeza de que Jimin ya no poseía fuerzas para otra batalla.
Si Jimin no iba a pelear, él lo haría en su lugar, aunque por dentro sintiera el vértigo de estar cruzando una línea sin retorno.
—Baje las tijeras —insistió Taehyung. Sus dedos apretaron la tarjeta corporativa de Jeon con tanta fuerza que los nudillos se le tiñeron de blanco—. Quien firma sus honorarios y autoriza el ingreso de su firma en esta casa soy yo. El señor Jeon desea un impacto visual que no desentone. Un corte vulgar solo demostraría que estamos intentando ocultar algo a las corridas. Trabajará con el largo.
El estilista asimiló el golpe. Su mandíbula se apretó, ofendido en su orgullo, pero el peso del plástico negro entre los dedos de Kim era un argumento incontestable.
—¿Qué sugiere entonces? —preguntó el hombre, guardando la herramienta de corte con un ademán resentido.
Taehyung se acercó al tocador. De uno de sus bolsillos extrajo una pequeña caja de terciopelo. La había rescatado del inventario de la antigua alcoba principal semanas atrás, antes de que los tasadores sellaran las pertenencias de los jeons. Al abrirla, la luz mortecina de la tarde arrancó destellos a una serie de horquillas de plata, pequeñas cuentas de perlas de río y finísimas cadenas de eslabones microscópicos.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
