la primera elección

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Jungkook caminó con paso resignado por el pasillo de la planta baja luego de que su amigo lo hubiera dejado a solas con sus propios pensamientos. Una sutil sonrisa, casi imperceptible, le dibujó los labios. Quizás, contra todo pronóstico, lo había logrado: despertar un sentimiento real en Jimin, algo que siempre había anhelado en lo más profundo de su ser. Sabía perfectamente que sus padres querrían matarlo en cuanto se descubriera que el niño no llevaba la sangre de la dinastía, pero no podía arrepentirse. Su corazón había tomado una decisión irrevocable aquel lejano día en que, ignorando las advertencias del mundo, eligió sostener al pequeño Han entre sus brazos, decidido a protegerlo.

Se acomodó la chaqueta y se detuvo un instante en el inicio de la escalera, sintiendo el peso físico del cansancio. Jamás había tenido certezas sobre lo que le depararía el destino, y nunca se había afligido por avanzar a ciegas; su vida se había reducido a eso, a dar un paso a la vez desde el mismísimo día en que tomó la drástica decisión de abandonar Corea.

A través del ventanal, contempló las primeras líneas del amanecer que empezaban a disipar la neblina. En ese segundo lo supo con total claridad: la historia de sus padres, ese ciclo de desamor y silencios corporativos, no se repetiría bajo su techo. Por un breve momento, suspiró imaginando el futuro, visualizando cómo le contaría a los hijos de Jimin que su amor había perdurado y resistido las más terribles tormentas. Sería una hermosa historia que legar al mundo... pero no esa noche. Esa era otra página que todavía debía escribirse con cuidado.

Subió los peldaños en silencio, llevando consigo el calor de la porcelana, y encontró al rubio en la penumbra del corredor superior, estático y vulnerable.

-¿Sigues aquí? -susurró Jungkook con calidez, tendiéndole una taza de café para obligarlo a romper la rigidez.

Jimin aceptó el recipiente, buscando el calor con la punta de los dedos. Su mirada seguía fija en el vacío.

-¿Vienes a echarme? -preguntó en un hilo de voz, antes de darle un sorbo corto-. Ya he preparado mis cosas y las de Han.

-Jiminnie, eres un tormento, y uno que jamás se rinde -Jungkook dio un paso al frente y lo abrazó por la espalda, pegando su pecho a la lana húmeda del abrigo del doncel. Permanecieron así un rato largo, dejando que el silencio de la casa los cobijara-. No sé qué haya sido lo que te llevó a robarte mi auto y a correr de esa forma a casa de mis padres. Sé que ahora ellos no querrán verte por un tiempo, pero hallarás la forma de volver a ser el Jimin de siempre.

Buscando refugio del frío que se colaba por los ventanales, Jungkook lo guio con suavidad hacia el interior de la habitación principal. Jimin se dejó llevar, despojándose del abrigo pesado para sentarse en el centro de la cama, donde la blancura de las sábanas hacía resaltar el lodo seco en su piel. El rubio estiró las piernas, intentando recuperar la compostura, aunque la tensión interna seguía intacta.

-Momo es de lo peor -soltó Jimin desde el colchón, quebrando la tregua con una fijeza cortante-. ¿Dormiste con ella, Jeon?

-No tendría por qué responderte eso, Jiminnie -Jungkook sonrió de medio lado, apoyándose contra el marco de la puerta.

-¿Entonces? ¿Por qué ella se toma tantas libertades contigo?

-Digamos que mi exesposo se ha vuelto un tipo muy inseguro -bromeó Jungkook, su voz resonando en el cuarto en un intento de restarle gravedad al asunto.

El comentario impactó directo en el orgullo del rubio.

-¿Qué demonios dices? -Jimin lo empujó con fuerza hacia el borde de la cama, rompiendo el contacto físico de inmediato, con los ojos encendidos.

-¿Qué hacías espiando, Jimin? -soltó el moreno, permitiendo que una pizca de indignación genuina asomara en su tono.

-¡Es mi familia! ¡Eres mi esposo y ella es mi empleada! -bufó molesto, poniéndose de pie de un salto-. Ahora quiero una maldita explicación -casi gritó, perdiendo el control que tanto le había costado mantener.

La Cita (Finalizado) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora