La grasa de la pizza dejó una película tibia en sus labios, un regusto a orégano artificial y masa barata que, extrañamente, le devolvía algo parecido a la realidad. Jimin masticaba con lentitud, dejando que el murmullo de la noche -el siseo de las ruedas sobre el asfalto distante, el viento que agitaba los arbustos- llenara el espacio que, de otro modo, habría estado atestado de voces ajenas.
A su lado, Changbin sostenía la botella de refresco con una firmeza que traicionaba el ligero temblor en sus dedos. Jimin no necesitaba mirarlo directamente para sentirlo; bastaba con el sutil cambio en la presión del aire dentro del habitáculo, una electricidad estática que le erizaba el vello de los antebrazos. Había una paz en ese silencio, pero era una paz delgada, similar a una capa de hielo sobre un lago profundo. Si respiraba con demasiada fuerza, si se movía demasiado, el hielo cedería.
Jimin bajó la mirada hacia sus propias manos, las uñas cortas, la piel levemente enrojecida por el frío que empezaba a filtrarse por la ventanilla entreabierta. Por un instante, el yugo de los últimos días se aflojó. No era libertad, exactamente; era un paréntesis. Un lugar donde el tiempo se detuvo para que él pudiera, por fin, tragar sin sentir que el alimento se le atascaba en el esófago.
-Debemos irnos -susurró, y su propia voz le sonó extraña, como un objeto ajeno que acababa de soltar en el aire.
Changbin estiró la mano. Sus dedos rozaron el dorso de la mano de Jimin, un contacto breve, una nota al margen de una conversación que nunca llegaba a articularse.
-No tienes por qué hacerlo -respondió el moreno. Su voz era un hilo de contención.
Jimin sintió el peso de sus hombros caer, una gravedad que, por fin, se sentía natural. Pensó en Hannie. La imagen del niño no llegó con la punzada habitual de la culpa, sino como un recordatorio distante de una casa que no le pertenecía, una estructura de mármol y reglas donde él era poco más que una pieza móvil.
-Debo hacerlo, Jungkook... Hannie quedó allí.
El nombre del hombre fue una pequeña piedra que lanzó al agua; las ondas de su impacto, sin embargo, se sintieron en su estómago, un vacío que se contraía. Changbin soltó un suspiro, un sonido corto que se perdió en la oscuridad, y encendió el motor. La vibración subió por el asiento, trepando por la columna de Jimin hasta asentarse en la base de su cráneo.
El viaje de regreso fue un descenso a otra temperatura. A medida que las luces de la ciudad ganaban intensidad, la ligereza del parador se evaporó, reemplazada por una presión aséptica. Jimin se apoyó contra el vidrio, dejando que la vibración del motor le adormeciera la mandíbula. Observaba los escaparates, la gente, el caos ordenado de la vida nocturna, sintiéndose como alguien que observa un acuario desde afuera, sabiendo que pronto lo devolverán a su tanque.
Cuando el auto se detuvo frente a la mansión, el silencio exterior era total. No había grillos, ni viento, ni el rumor de la calle. Solo una inmovilidad estéril.
-Nos vemos mañana -dijo Changbin. No hubo un "cuídate", ni un "¿estás seguro?". Solo la aceptación de que el territorio que pisaba Jimin era impenetrable para cualquier otro.
Al bajar del vehículo, la piedra del jardín crujió bajo sus suelas, un sonido que le pareció un disparo en la penumbra.
Jimin agitó la mano hasta que la figura de Changbin se disolvió en la bruma de la carretera. Bajó el brazo y el vacío volvió a ocupar su lugar, como si el aire nocturno hubiera estado esperando para reclamar el espacio. Se llevó la mano al bolsillo del pantalón, instintivo, buscando un llavero que no estaba ahí; esa ausencia le devolvió un golpe de realidad más contundente que cualquier advertencia. Aquella no era su casa, sino el escenario donde interpretaba el papel que Jungkook había diseñado para él.
Se acercó a la puerta y presionó el timbre. El sonido, un tintineo metálico y contenido, resonó en la fachada de mármol.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
