la debilidad de un imperio

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Taehyung no dijo nada más. Asintió en silencio, asimilando el peso de la situación, y tomó la maleta. Sus pasos guiaron al visitante hacia la antigua habitación que alguna vez compartieron los Jeon. Jimin lo siguió sin emitir palabra, sintiendo que el aire de la mansión se le pegaba a la garganta como polvo seco. Nada había cambiado en esa casa: seguía tan fría y solitaria como cuando él vivía allí.

Al pasar junto a la consola del corredor, los ojos de Jimin tropezaron con el único marco que Jungkook no había tenido el valor de descolgar. En la fotografía, él vestía un impoluto traje blanco que reflejaba la luz del flash, mientras el mayor lo sujetaba de la cintura con un aire posesivo, clavándole los dedos en la tela como si temiera que el mundo se lo arrebatara. El rubio se mordió el labio inferior hasta sentir el sabor salino de la sangre y soltó el aire por la nariz. ¿A quién quería engañar? Dudaba que Jeon aún lo amara.

Subió lentamente las escaleras en dirección a la conocida alcoba y suspiró, sintiendo un peso biológico en las piernas, un letargo que le nacía desde las entrañas. Tendría que volver a compartir cama con el mayor. La idea no le desagradaba del todo... se dio un severo golpe mental y culpó a las hormonas. Estaban causándole estragos físicos que apenas lograba disimular.

-Cariño, pondré tu ropa en el clóset -advirtió Taehyung desde la puerta, intentando devolverle un rastro de la dignidad perdida.

-No hace falta -se apresuró a responder Jimin, con la voz un punto más aguda de lo normal.

-Es mi trabajo, Jiminie -sonrió el castaño, dedicándole una mirada mansa.

-Yo puedo hacerlo solo -respondió con la misma amabilidad desesperada, tomándolo de la maleta.

Se arrodilló en la alfombra y comenzó a desarmarla poco a poco. Aquello era nuevo para cualquiera que lo conociera. Sus dedos se movieron con una paciencia minuciosa que jamás habría tenido el Jimin de años atrás; ese Jimin rico jamás habría doblado siquiera una media. Ahora, sus manos se movían con la sumisión aprendida en la periferia.

El rubio recorrió con la mirada cada rincón de su antiguo dormitorio y suspiró. No podía evitar recordar todo lo que había vivido con el moreno entre esas cuatro paredes. El aire se le volvió irrespirable.

-¿Puedo tomar algo de comer? -preguntó con timidez, bajando la mirada para que Taehyung no viera el temblor de sus pestañas.

-Claro que sí, Jiminie. Esta es tu casa -respondió Kim, rompiendo la distancia para tomarlo suavemente del brazo. Ambos sabían, por el peso de las miradas compartidas, que había mucho de qué hablar.

Taehyung puso la tetera sobre la estufa y se quedó observando el agua en silencio. El sonido suave del hervor llenó la cocina, dándole a la escena una calma engañosa.

Jimin se sentó a la mesa, encorvado, con las manos rodeando la taza aún vacía como si buscara un calor que el objeto no poseía. Estaba exhausto. No solo por el viaje, sino por la sensación de haber sido arrastrado de un lugar a otro sin derecho a elegir. Aquella casa había sido suya, y ahora regresaba a ella como un huésped incómodo.

Taehyung lo miró de reojo. Conocía demasiado bien ese silencio.

-¿Estás bien? -preguntó al fin, con cuidado.

Jimin tardó en responder. Se encogió de hombros, apenas, el tejido rosa del suéter rozándole el cuello.

-No lo sé -murmuró-. Supongo que estoy cansado.

Se llevó una mano al vientre casi sin notarlo, un gesto automático, íntimo y carnal que buscaba protegerse del frío circundante. Taehyung lo observó con atención, apoyándose en el mesón.

La Cita (Finalizado) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora