La residencia de los Kim estaba sumida en un silencio absoluto a las tres de la mañana. Jin, sin un ápice de cortesía, mantuvo el dedo sobre el timbre de bronce con una persistencia maníaca, ignorando por completo la hora y la evidente falta de interés del anfitrión por recibir visitas.
Cuando la puerta cedió, Taehyung no salió a saludar. Apareció en el umbral con el pelo revuelto, vistiendo unos pantalones de algodón holgados y una camiseta vieja, con la mirada entrecerrada por un sueño que los tres hombres frente a él acababan de asesinar. Su cara no era de sorpresa, sino de una irritación pura y sin filtros.
El contraste visual en la entrada era de un absurdo total. Jungkook, Namjoon y Hoseok, todavía con sus abrigos de lana impecables y la postura rígida de una junta directiva a punto de ejecutar una maniobra hostil, se veían como un grupo de choque corporativo parado en medio del hall. Taehyung, en cambio, se frotaba los ojos, bostezando con una pereza que dejaba claro que, para él, la pomposidad de sus visitas a esa hora no era más que una molestia.
-¿Se puede saber qué... -empezó Taehyung, pero se cortó al ver quién lideraba el grupo.
Jin no lo dejó terminar. Pasó por su lado como si fuera el dueño del lugar, ignorando por completo la hostilidad del anfitrión. Caminó directo hacia el sillón principal del living, se dejó caer en él con un suspiro de satisfacción y se acomodó con la naturalidad de quien se dispone a ver una función de teatro.
-El café, Taehyung. O té, lo que sea que tengas -soltó Jin, sin molestarse siquiera en mirar a su anfitrión-. Tenemos mucho de qué hablar y tu living es, por mucho, el más cómodo de todo este desastre. Adelante, cierren la puerta, que entra corriente.
Taehyung arrastró sus pies a la cocina intentando prestar la invitación sufría hacia apenas unos segundos mientras observaba el goteo de la cafetera en su mente se formaron un sin fin de escenarios
No supo cuánto estuvo alli suspendido ni cuando sus pies lo arrastraron a la sala nuevamente La madera áspera de la bandeja vieja vibró contra las palmas de Taehyung, transmitiendo una pulsación sorda que parecía venir del suelo mismo. El aire de su pequeño living, usualmente impregnado de un olor tibio a sábanas limpias y encierro doméstico, había sido asfixiado por la intrusión de aquellas fragancias extranjeras: el cuero costoso, el aroma de tabaco refinado y ese perfume gélido, casi metálico, que Jungkook siempre llevaba como una armadura.
Taehyung dejó la cafetera en el centro de la mesa. El vapor del café económico, con su rastro amargo a grano tostado en demasía, subió en hilos lentos, empañando por un segundo la rigidez de los tres hombres que aguardaban como estatuas de sal en su espacio privado. Acomodó cuatro tazas desparejadas, sintiendo el frío de la porcelana barata en las yemas de los dedos, y un peso espeso se le instaló en la boca del estómago. El silencio era una cuerda tensada al límite.
Levantó la vista, encontrándose con la mirada de Jungkook. Era una fijeza oscura, desprovista de luz, que a Taehyung siempre le había parecido una condena.
-Jimin... ¿está bien? -preguntó Taehyung. Su propia voz le sonó extraña, confinada en las paredes de su garganta.
Jungkook no parpadeó. La mandíbula se le tensó con un crujido casi imperceptible.
-Dímelo tú. Tú lo estás ocultando.
Un vuelco frío le dio la vuelta al corazón de Taehyung. Dio un paso atrás, sintiendo la textura floja de sus pantalones de algodón contra las piernas, el cuerpo reaccionando antes que la mente a la amenaza implícita.
-¿Yo qué?
-Lo que oyes -la voz de Jungkook cayó con la pesadez de una sentencia-. Sigues siendo su cómplice.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
