Las horas de la tarde no transcurrieron; se acumularon como un sedimento espeso sobre los muebles y los rincones de la casa. Desde el ventanal de la sala, Jimin contemplaba el horizonte grisáceo, donde el sol amagaba con hundirse sin haber llegado a calentar en todo el día. En la alfombra, ajeno a la marea estancada del ambiente, Taehyung jugaba con Han. El tintineo de los juguetes de plástico y las risas intermitentes del bebé flotaban en el cuarto como una música lejana, incapaz de perforar el monólogo sordo que Jimin llevaba arrastrando desde el amanecer.
No había sido un arrebato. No era el impulso eléctrico de un celoso primerizo. Llevaba horas, bloques enteros de tiempo desierto, rumiando la misma fijeza. Miró la pantalla del teléfono por quinta vez en diez minutos: la fotografía de Han gateando que había enviado tres horas atrás seguía allí, estática, sin el doble tilde de confirmación de lectura. El silencio de Jungkook no era solo una ausencia de voz; era una negativa explícita a dejarse registrar.
El pánico comenzó a filtrarse en su sistema nervioso con la lentitud de una toxina. ¿Dónde estaba? ¿Por qué el aparato no devolvía la menor señal? El cuerpo, entrenado en los rigores de la espera, empezó a hablar por sí mismo. Las manos le temblaban de manera imperceptible; se descubrió moviendo objetos de la mesa de luz sin ningún criterio, ordenando los frascos por tamaño para desordenarlos un segundo después. Tomó una pila de ropa limpia de Han y comenzó a doblar las prendas con una urgencia neurótica, quebrando el algodón con las yemas de los dedos, solo para deshacer los pliegues al instante. Una opresión agria le subió por el pecho, trayendo consigo unas ganas de llorar físicas, biológicas, nacidas de la pura impotencia. Ya no sé qué hacer, se dijo, atrapado en el centro de una habitación que se le reducía a una celda.
Entonces, el mecanismo más antiguo y sucio de su mente se activó con un crujido familiar
El silencio de Jungkook dejó de parecer una consecuencia de su terquedad para transformarse, ante los ojos enfermos de sospecha de Jimin, en una estrategia de ocultamiento. Su propia historia personal, los años donde él mismo había aprendido a perfeccionar el arte de la evasión , se le presentaron como un espejo deformante. La mente no inventaba peligros nuevos; se limitaba a proyectar las viejas tretas que él tan bien conocía.
Un recuerdo nítido, afilado como una esquirla de vidrio, le asaltó la memoria. Se vio a sí mismo años atrás, de pie junto a la puerta principal de su antigua casa, acomodándose el abrigo mientras Jungkook lo observaba desde el pasillo con esa mirada mansa y desprotegida que tanto solía irritarle.
-¿Estás seguro de que no quieres que te lleve? -le había cuestionado el moreno aquella tarde, ofreciendo las llaves con una docilidad que Jimin ya había aprendido a instrumentar.
-No, me hará bien caminar -le había respondido Jimin, devolviéndole una sonrisa limpia, ensayada-. Me veré con unos amigos y luego iré a casa... a mi antigua casa -añadió entonces, sosteniendo la mentira con una felicidad fingida que Jungkook, en su bendita ingenuidad de aquellos años, acabó por creer.
El eco de su propia voz del pasado le provocó un escalofrío. Ahora era él quien se quedaba del lado de los que esperan, desarmado por las mismas herramientas que un día manejó con soltura. La certeza de que Jungkook podía estar usando su misma escuela de disimulo lo sacó del estupor. Dejó caer la ropa del bebé sobre la cama y avanzó hacia el pasillo con paso firme, gobernado por la necesidad imperiosa de romper la parálisis.
Jimin bajó las escaleras a un ritmo frenético, con Taehyung siguiéndole los pasos de cerca, habiendo dejado a Han bajo el cuidado de la niñera en la habitación contigua.
-Dame las llaves de tu auto -exigió el rubio, extendiendo la palma de la mano con una urgencia que rayaba en la violencia. Su objetivo era el vehículo de su esposo, estacionado en el garaje lateral; un coche que Jungkook cuidaba con un celo casi religioso.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
